Associació d'Amics del Ferrocarril de Barcelona - La fiebre de los tranvías

 

Trambesòs - Transporte urbano de primera calidad - 6 de septiembre de 2007

 

Carril núm. 64 - Diciembre de 2006

 

Hace veinte años en un editorial de esta revista se clamaba por la reimplantación de los tranvías en España. Eran tiempos lejanos, cuando la inauguración del tranvía en la ciudad francesa de Nantes había convulsionado el panorama del transporte urbano en aquellos países europeos en los que aquel medio de transporte todavía se veía como un anacronismo. Abogábamos entonces por seguir el ejemplo francés. Han pasado dos décadas, pero felizmente el tiempo nos ha dado la razón. Si en Francia ya son más de una quincena las redes de tranvías creadas desde entonces, en nuestro país se ha entrado por fin en una dinámica de este tipo.

Durante la última década, tímidamente al principio y con algo más de asiduidad después, se nos han ido haciendo familiares las noticias sobre la materialización de proyectos de líneas tranviarias en algunas ciudades españolas. Después del progresivo cierre de todas las redes urbanas, acaecido entre los años cincuenta y principios de los setenta, este medio de transporte había desaparecido por completo de nuestras vidas. Una o dos generaciones de urbanitas ni tan siquiera han sabido de su existencia. Ahora, las tornas han cambiado, y parece claro que al tranvía, bajo una u otra denominación, le ha llegado una segunda oportunidad.

El resurgimiento del tranvía en España empezó hace ya más de diez años, cuando la Generalitat Valenciana, en una decisión pionera y sin duda arriesgada, transformaba en tranvía urbano un par de tramos ferroviarios. La conversión en tranvía de una vieja línea ferroviaria consiguió mantener un sistema de transporte ágil y de media capacidad con mayor permeabilidad y menor hostilidad hacia su entorno.

La implantación del resto de líneas tranviarias españolas ha seguido caminos diferentes en función de las necesidades de movilidad y de los objetivos políticos perseguidos en cada lugar. En Bilbao, partiendo de cero, el tranvía nació fuertemente vinculado a la reordenación urbanística de una importante franja urbana a lo largo del Nervión. En Alicante, la "tranviarización" de una línea ferroviaria de vía estrecha ha aportado a nuestro panorama ferroviario el concepto "tren-tram". En Barcelona el tranvía resurgió con fuerza tras treinta años de ausencia, pero con una génesis bastante atormentada. Vélez-Málaga, con una corta línea, ha sido la última en llegar. Y quedaría por citar A Coruña, con una línea exclusivamente turística nacida como un complemento a la urbanización del frente litoral.

Se trata de proyectos en los que las ciudades se han reencontrado con el tranvía como un medio de transporte atractivo para empezar a solucionar los cada vez mayores problemas de movilidad urbana. Problemas a veces debidos a la modificación del desarrollo urbanístico tradicional del entorno de las grandes conurbaciones, lo que ha transformado el concepto de la calidad de vida de sus ciudadanos y ha modificado profundamente sus necesidades de desplazamiento.

El año 2007 se presenta muy prometedor con la esperada inauguración de redes de tranvías en tres aglomeraciones urbanas. Redes que nacen con diferentes puntos y premisas de partida. Sevilla, con el objetivo de ofrecer un nuevo sistema de transporte que combine el metro ligero de superficie con una parte de las infraestructuras de "metro pesado" de la non nata red de metro hispalense de los años setenta. Madrid, con tres redes dispares y con la firme idea de convertirlas en una red capilar de aporte de flujos a la vastísima red de metro y cercanías de la capital. Y Santa Cruz de Tenerife, donde el tranvía se presenta con el objetivo de vertebrar el transporte entre la capital y su área de influencia más directa.

Entretanto siguen las obras de nuevas líneas, con incorporación de nuevas ciudades a la lista (Vitoria, Málaga y Murcia), y siguen su marcha los incontables proyectos tranviarios por todos los rincones de la geografía peninsular e insular.

Solo queda lamentar que a veces un exceso de celo en reducir las inevitables interferencias del tranvía con el tráfico de superficie pueda llevar a un gran volumen de infraestructuras subterráneas. Un volumen muy alejado de las pequeñas intervenciones puntuales, y por tanto mucho más allá de lo aconsejable no solo por el costo sino también por lo que significan como penalización de la accesibilidad del sistema. Algo que constituye una de tantas grandes bazas del tranvía.

Entre aquellos que están leyendo estas líneas, poner de manifiesto las cualidades del tranvía como medio de transporte urbano sería un acto de Perogrullo. Pero en los tiempos que corren, parece que esta "toma de conciencia" empieza a hacerse extensiva tanto en amplios espectros de la población como en otros no tan grandes, pero que tienen capacidad de decisión sobre estos temas. Tanto a unos como a otros, bienvenidos al club.

 

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