Juan Manuel Grijalvo - La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) y la accesibilidad

 

(Ultima Hora, FDS, 13 de febrero de 2004)

 


Este artículo proviene de una conversación telefónica que tuve con un consocio de la OCU. Me llamó para contestarme un mensaje sobre el estudio de accesibilidad a edificios públicos que hizo la organización en 2002. Es mi forma de agradecerle el tiempo que ha invertido en mi modesta persona.

La OCU es una asociación privada. Por ello no tiene participación en los poderes públicos... ni las cortapisas que eso conlleva, que muchas veces dificultan o impiden una labor eficaz. Ya sabe usted que "Fuerza moral es igual a masa moral multiplicada por aceleración moral". Un grupo pequeño ha de moverse mucho y muy deprisa si quiere salir por la "tele". La OCU no monta acciones espectaculares, al estilo de Greenpeace. Los socios pagamos una cuota, y con ella mantenemos un equipo de técnicos remunerados. Su método es estudiar rigurosamente un asunto y cargarse de razones hasta la saciedad. Cuando la OCU emite un informe, es irrebatible. Lo difunde completo entre sus socios y, si hace al caso, publica notas de prensa. Manteniendo esta línea durante años, se ha ganado una gran credibilidad. Se sustenta exclusivamente con las cuotas de sus miembros. Su independencia deriva de su autonomía económica: para ser insobornable, lo mejor es tener mucho dinero.

¿Qué consigue un socio a cambio de la cuota? De entrada, mucha información de primera mano sobre cosas que le afectan directamente. Si compara calidades y precios de artículos de consumo y bienes de equipo, puede tomar las decisiones de compra más correctas, que le reportarán un ahorro económico nada desdeñable. Y en el plano colectivo, tiene las ventajas de formar parte de un grupo de presión que trabaja constantemente para cambiar de veras el marco de nuestra vida diaria.

El estudio al que me refería antes es una buena muestra de lo que le digo. Los técnicos de la OCU visitaron ciento cuarenta y tres edificios de uso público en doce ciudades diferentes. Nada menos que sesenta y nueve de ellos presentaban problemas de acceso y de circulación interior.

Yo no creo que la solución sea algo así como crear un Ministerio de Accesibilidad. Las numerosas administraciones centrales, autonómicas y locales que nos gobiernan con tanto acierto no terminarían nunca de repartirse las competencias a gusto de todas. Vale más que los interesados se organicen por su cuenta para marcar el rumbo y dar señales de orientación a los elefantes burocráticos. La OCU ya ha demostrado su utilidad muchas veces. Le ofrece una oportunidad real de cambiar algunas cosas. No hay milagros... las cosas de palacio van despacio. Pero esta entidad es el mejor instrumento de que disponemos ahora mismo para influir en la actividad de los municipios, autonomías, parlamentos y demás taifas. A falta de un seguimiento diario, las leyes se quedan en ese limbo abstracto de las declaraciones de buena voluntad. 2003 fue el Año Mundial de los Discapacitados. Se acabó... y ya me dirá usted qué cambios reales aprecia en la movilidad de ese colectivo.

Y ya sabe usted lo que dice Juan Antonio B.: si quiere resolver algo, encomiéndolo a un comité cuyo número de miembros sea impar y no superior a dos. Por esta regla de tres, la accesibilidad en Eivissa entrará en vías de solución cuando el presupuesto para mejoras lo administre Cis Lenaerts.

juan_manuel@grijalvo.com

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