Agustín García Calvo - De la huelga a la vía

(De la política que no hacen los políticos que hacen la política que hacen los políticos)

 

El País, 19 de enero de 1989

 

Ya está bien, señores. Ya se han entretenido ustedes lo suyo con la Huelga General del próximo pasado día: ya han hecho los doctos sus análisis de las causas y consecuencias; ya los líderes y representantes han tratado de sacarle su dividendo; ya el Gobierno ha disfrutado de su amago de conmoción y todo, casi como si fuera de verdad, y los Medios de Formación de Masas le han exprimido al asunto el unto que les proporcionaba, a cambio de convencer a los individuos de las mismas de que había pasado algo. Bueno, pero ya está bien, ¿no les parece? Comprendo que el montaje, meses por anticipado y con los medios de marketing más de punta (¿no van a manejar los Trabajadores, faltaría más, las mismas armas que sus Explotadores?), debió de costar muy caro, y comprendo que se le haya querido sacar todo el jugo que tuviera; pero el caso es que no tenía mucho; y aunque a la gente se la pueda tener entretenida un par de semanas con fantasías adornadas de numeritos, tampoco hay que pasarse. Ello es que la Unión Sindical, tras unos meses de promocionar la Idea como está mandado, consiguió su fiesta del 14 de Diciembre (que seguro que se conmemorará unos cuantos años, si todo sigue igual de bien), así como la Iglesia había conseguido reinstaurar la de la Inmaculada el 8 de Diciembre, a cada cual lo suyo, a izquierda y a derecha, como Dios manda (la sindical, es cierto, tuvo un descanso mucho más respetado que la eclesiástica; pero es que hay que reconocer que la organización era mucho mejor y más al día; y además, qué diablos, que la Iglesia lleva ya unos siglos de desgaste en esto de la formación de los creyentes), así que bien, ya está.

 

Reajustes salariales

En cuanto al asunto en sí, como es imposible, según recordábamos aquí unos días antes, que a estas alturas haya nada de verdad en el enfrentamiento entre un Estado progresado y la Organización de los Trabajadores empleados en la Empresa de su Capital, pues ha venido a parar a los cauces familiares que debía: la discusión en una serie de Mesas sobre las cifras de los reajustes salariales (o sea lo mismo que a cada habitual período reivindicativo, así como la Lotería de Navidad es la misma que todos los meses, sólo que con premios más gordos y con los huerfanitos volviendo de viva voz a cantar las cifras), y como la presión sindical tendrá el éxito que corresponde al bombo, ello hará en los próximos meses trabajar intensamente a la Banca y a la Gran Empresa, para ver cómo a su vez se ajusta y saca del meneo el lucro que al Dinero progresado le viene de cada corrida en la escalada de precios y salarios y del consiguiente juego que esa oscilación permite con el Crédito (que es la Fe de la Iglesia Nueva) y con el Tiempo, que es el Dinero mismo (¿o todavía te creías tú, currante, que dinero era esos billetitos que te sueltan cada mes para que vayas pagando los plazos del televisor extraplano y del otro auto?), mientras que el Gobierno, por su parte, ha salido naturalmente fortalecido del paripé de censura por la izquierda, ratificada la fe que en Él tienen puesta (y que ni un momento Le ha desasistido) la Banca y la Gran Empresa, en tanto que los Sindicatos, en justa retribución, se meten el gran lote de promoción social, que falta les hacía; porque mucha promoción hace falta para seguir haciendo creer a la gente que Ellos representan su miseria y sus anhelos: casi tanta como para hacerle creer que, a estas alturas todavía, se ha fabricado un auto nuevo.

Pero ¡basta también de divertimos aquí tanto con la Huelga General de Dios! Y hasta puede que a algunos de los lectores más finos y proletarios de este Rotativo les parezca de mal gusto que un tío escriba de esas cosas con sarcasmo y cachondeo. No se percatan acaso de que esto no es más que respirar por la herida; y no la herida del tío en cuestión (que él bien a gusto que se lo monta, echando su cuarto a espadas y todo en esta timba), sino la herida de los que bajo estos manejos de los políticos padecen. Pero, ea, si: aquí se acabó el sarcasmo, y desde aquí vamos a hablar en serio de lo serio.

Lo serie, es que, por debajo de toda esa tramoya vana y burocrática incesante de los organizadores del caos, de los administradores de la muerte, está la política que Ellos no hacen, que no podrán hacer jamás desde ahí arriba: está el pueblo, la gente sin número ni nombre, que padece su miseria reciclada según los tiempos, que obedece y sirve y pena, no ya por la fuerza del látigo pasado de moda, sino por el engaño y confusión de sus propias ideas y sus propias necesidades que les han armado los contables y manipuladores: que les hacen creer que lo que quieren es cada uno su puestecito seguro en el Aparato, y su 7% más, para trabajar 7% más en el trabajo de comprar lo que les manden, y una Seguridad Social más progresada, que les lleve el día de mañana a recorrer Europa en autobús de jubilados... Cuando lo que los pobres deseaban era que nos dejaran vivir un poco.

Pero esto de "vivir" parece demasiado vago para política, ¿verdad? Queremos más bien ejemplos concretos y precisos de cómo es ese cambiazo que a la gente se le pega y en que el Dominio se asienta: ejemplos de la política del pueblo. Ya los iremos sacando aquí, si la salud y el humor no falta. Pero, por hoy, uno bien patente y representativo: el de la imposición de los medios de transporte imbéciles y el tratamiento del ferrocarril.

 

Tren de Alta Velocidad

Aquí mismo les han explicado a ustedes qué es lo que significan esos planes billonarios del Tren de Alta Velocidad, destinado al servicio o las ilusiones de cuatro Ejecutivos de Dios, y a acabar de meter la red de vías y trenes normalitos de pueblos y ciudades donde la gente vivía, que a nosotros, los corrientes y de abajo (que seremos los que carguemos con los costos gigantescos del Alta Velocidad) era lo que nos servía y nos hacía falta; y asimismo, qué significa lo del estrechamiento de vías a la europea, una idea estúpida hasta lo detonante, que, si llega a realizarse, aparte de los millones de millones, a los que la imaginación popular no alcanza (pero a Ellos ¿qué más les da, si lo que el Dinero quiere es inoverse, sea como sea?), nos iba a dejar media España y Portugal en estado de obras perpetuas, con veinte o cuarenta centros donde organizar dentro de la Península los cambios de vía europea a vía vieja (o sea lo que ahora se hace en dos puntos de la frontera, donde cabían, lindos y baratos, cualesquiera perfeccionamientos y agilitaciones en los cambios de ejes de todos los trenes que hiciera falta), en obras durante treinta años, durante siglo y medio (a Ellos ¿qué más les da, si la Historia es suya?), hasta conseguir acabar con toda la utilidad para la gente de los trenes y la vía férrea. Y todavía, para estrambote, hablan ahora, en vez de volver a poner en uso el ferrocarril de Canfranc, de abrir otro túnel por los Pirineos, al ladito del del tren, para sus cochecitos y camionazos.

Pues bueno, para qué más: ahí tienen el ejemplo. El Estado y el Capital, por su lado de la nómina, tienen sumo interés en machacar los medios de transporte útiles, baratos y populares, y en imponer a cambio los inferiores, torpes, impotentes y costosos (los autítos personales, en que el ideal democrático se encama, remplazando por un farrago urbano interminable cuatro líneas de tranvía, y los camionazos machacando en fila autopista noche tras noche, en sustitución de un par de trenes de mercancías), porque bien se sabe la enormidad de los intereses que hay detrás de la gasolina, la autopista y demás, para Capital y Estado juntamente; y además, que el tener a la gente continuamente trabajando en inutilidades ha sido la política primordial del Estado desde el comienzo de la Historia: fue antaño la construcción de las Pirámides, los descomunales monumentos a la Muerte: ahora son éstas las Pirámides que nos tocan, igual de inútiles y enormes, igual de dedicadas a la Muerte, que es la vida del Capital y del Estado. Así que, por lo que a Ellos atañe, las cuentas están claras.

Vamos a la otra cara de la nómina: los Obreros Organizados, las banderas de nilón rquo y las pancartas de exigencias a los Gobiernos. Pues bien: a ningún Sindicato, a ningún líder de trabajadores, a ningún socializante de buena ley se les va a ocurrírjamás que esta explotación y engaño de los pueblos, en sus medios de transporte por ejemplo, sea un asunto político siquiera, un asunto serio al que les corresponda dedicarse: serio y político es ocuparse de las reivindicaciones salariales y la exigencia de planes de empleo más completos y demás periódicas demandas dirigidas, manos arriba, hacia el Poder, y la organización de una buena burocracia sindical, al ladito y al modelo de lo estatal y la bancaria: eso sí; pero ¿autos y trenes?, ¿ferrocarriles y autopistas? Hombre, no: eso...

¿Quieren que les cuente? Hace cuatro y tres años, con motivo del cierre de unas cuantas líneas (la razón consabida de la Falta de Rentabilidad, estúpida hasta hacer sangre, cuando se consideran los billones de la Alta Velocidad y la Vía Europea), que despertó algunas protestas airadas y populares, se formó, por abajo, una coordinadora pro-ferrocarril, en la que estaban, entre otras gentes, muchos bravos ferroviarios; luego... Va para un par de años que la coordinadora se ha amortecido y ha dejado de dar guerra. Pues bueno, ¿saben cómo ha sido?: se la han comido los Sindicatos: los más activos y punteros de sus hombres han tenido que dedicarse a las reivindicaciones, a constituir la Unión Sindical y a otras atenciones prácticas y políticas por el estilo, y no tienen tiempo para luchar por el ferrocarril del pueblo contra los autos y las pistas de los Amos. Ahí tienen el cuento.

 

Mentiras en celofán

Y ¿qué es lo que hace que los Sindicatos y Organizaciones laborales no puedan jamás hacer nada contra la imposición sobre el pueblo, por los enormes intereses de Arriba, dela producción y el consumo de inutilidades y cargas de la vida y mentiras en celofán? Pues es, principalmente, los Puestos de Trabajo. Por ahí los tienen cogidos. El miedo al miedo del desempleo, el gran problema fantasmal del Paro, la fe que a los Individuos de la Masa les han metido (y que el Sindicato no puede menos de cultivar) de que la vida consiste en tener cada quisque su puesto de trabajo, y todos entonces "Zzzzz", que cantaban las abejitas en el himno de "Ruinasa".

¿Qué importa que las pistas y los túneles y los autos y los chips informáticos y las naves espaciales no sirvan nada más que para estorbos y basuras?: si con ello se consigue crear unos miles de puestos de trabajo y encogerles unos puntos a las estadísticas del Paro, ya todo está justificado. Y esa política, tan conveniente para el Estado y el Capital, los Sindicatos de Trabajadores tienen a la fuerza que compartirla; y una vez que en esa fe comulgan el Estadoy-Capital con las Organizaciones de sus empleados, pues ya está todo hecho: a obedecer, y reivindicar, pero como Dios manda.

Por eso sería tan alegre y bendito que algunas voces de acá abajo empezaran a romper a decir lo que la gente, sin saberlo, siente de corazón y de razón: "El pueblo no quiere trabajar. Que trabajen las máquinas, que para eso se inventaron, y no para que me hagan a mí trabajar en hacer máquinas que no sirven para nada más que para crear puestos de trabajo y solucionarle al Señor la papeleta. Abajo el Trabajo! Viva el pueblo!".

¿Les parece que esto es poco práctico y político, y desmovilizador y desconcienciador, señores? Pues miren, antes de irse a la oficina, cómo por acá abajo se nos yergue el antebrazo.

 

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