Aida Cortecero Sánchez - Sobre la atención a los discapacitados

 

Diario de Ibiza, 10 de septiembre de 2005

 

Llevo varios días siguiendo las cartas que han ido escribiéndose el señor Enrique Marí Tur y el concejal señor Llombart respecto al suceso que tuvo lugar a causa de un coche mal aparcado, y que engloba en líneas generales, si no me equivoco, la situación existente respecto a los minusválidos, tanto psíquicos como físicos.

Yo no soy una entendida ni en leyes ni en política, como tampoco tengo cerca ningún familiar con discapacidades, pero siempre me ha parecido que esta isla no está hecha pensando en la existencia de este sector de población, que es tan válido en mi opinión como lo somos cualquiera, pero que simplemente por causas involuntarias son personas que se ven sometidas a una existencia en la que no pueden sobrevivir sin ciertas ayudas o, como dirían algunos, privilegios, que sencillamente son un derecho, por el cual pagan como si de un ciudadano normal se tratase, pero que desafortunadamente no tienen casi nunca.

Porque si nos paramos a observar esos derechos, aquí en Ibiza no existen en ningún lado. Observemos, pues, la situación: aceras altas sin rampas en ningún lugar (a excepción de algunas zonas urbanas recientemente renovadas), centros institucionales básicos como podría ser la Policía Local, la entrada de los juzgados (que para poder acceder en silla de ruedas hay que entrar por donde entran los presos y delincuentes), las oficinas municipales de la calle Castilla (que tiene ascensor, pero para la gente normal y corriente que puede subir escaleras, porque para llegar hasta él hay que subir varios escalones)... Podría seguir un largo rato más con algunos centros culturales o lúdicos que hasta hace muy poquito tiempo no poseían ningún tipo de acceso para discapacitados, sin contar que hasta hace nada no existía ninguna playa a la que se pudiera acceder con silla de ruedas, o que muchos locales públicos olvidan también a este sector de la población.

Sé de primera mano de dueños de bares y locales nocturnos a los cuales desde hace años se les viene obligando a construir rampas y aseos para respetar los derechos de los minusválidos, eso me parece bien, pero para exigir hay que dar ejemplo de conducta, porque si no se hace así tan sólo parece que sea una excusa, apoyada en un gran problema que tienen otros, para poder multar y exigir más dinero a un pueblo al que no se le da lo que simplemente necesita: justicia e igualdad para todos.

Si hablamos de derechos civiles hay que empezar por cumplirlos, señor Llombart, los que supuestamente los exigen y defienden para proteger y cuidar al ciudadano de forma justa.

Ánimo a todas las familias como las del señor Enrique Marí Tur.

 

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