Contrariamente a lo que suele creerse, el alfabeto usado en la lengua coreana,
llamado hangul, no es ideográfico como el chino, sino fonético,
de estructura muy semejante a los occidentales. De hecho, hasta el siglo XV
las clases letradas utilizaban el alfabeto chino para la escritura, igual que
hace el japonés, pero los obvios inconvenientes de éste indujeron
a buscar otro sistema más cómodo.
Una bonita historia cuenta que el rey Sejong, de la dinastía coreana
Yi, percibió las penalidades de sus súbditos analfabetos, que
únicamente podían presentar sus comunicaciones a las autoridades
de forma oral. Conmovido, ideó un nuevo sistema, que presentó
en 1446, diciendo: “Los caracteres chinos, al ser en su introducción
de origen extranjero, no pueden representar fielmente los significados singulares
de los términos coreanos. De ahí que muchos ciudadanos no tengan
manera de expresar sus pensamientos y sentimientos. Como me aflige su situación,
he creado un alfabeto de veintiocho letras, y es mi ferviente deseo que por
este medio mejore la calidad de vida de todos mis súbditos”.
El alfabeto hangul consta de veintiocho signos, expuestos en la tabla adjunta.
Tiene, cómo no, sus peculiaridades. Así, la consonante O (*) es
muda. Pero si está al final de la palabra, se pronuncia ng. Las vocales,
e, ye, eu se pronuncian esbozando una leve sonrisa; o, yo, u, yu, con los labios
fruncidos,. A las consonantes ch’, k’, t’, p’ se les
añade el sonido de una h aspirada.

Las palabras coreanas constan de una o más sílabas, y cada una
de ellas de dos o tres partes: un sonido inicial, un sonido medio (una o más
vocales) y, generalmente, un sonido final. Cada sílaba se escribe dentro
de un recuadro imaginario.
El sonido inicial (una consonante o la O muda) se escribe arriba o en la parte
superior izquierda. Si la vocal media tiene forma vertical, se escribe a la
derecha del sonido inicial; las que tienen forma horizontal se escriben debajo.
A veces se añaden letras para expresar énfasis, y las vocales
múltiples pueden comprimirse y escribirse una al lado de la otra. Si
la sílaba acaba en consonante, se grafía ésta en la parte
de abajo.

El hangul fue inicialmente rechazado por las clases cultas, para las que un
alfabeto complicado representaba una garantía de distanciamiento (y por
tanto dominio) con el pueblo. Su popularización de debió de forma
decisiva a los misioneros occidentales, que lo utilizaron para traducir la Biblia
al coreano con el objetivo de hacerla asequible a las clases populares. Hasta
cuatro siglos después de su creación no autorizó el gobierno
coreano a utilizarlo en los documentos oficiales.
JMAiO, mayo de 2002
Volver a los artículos de Josep Maria Albaigès...