Alfonso Sanz Alduán  -  El doble atropello a los atropellados

 

El Ecologista,  Nº 26,  2001  -  Boletín "A pie",  Nº 2,  Invierno 2001

 

Entre 1975 y 2000 murieron atropellados en España más de 30.000 personas: un goteo superior a tres muertes cada día. Las estadísticas oficiales de los diferentes cuerpos policiales registraron entre tanto más de 400.000 peatones heridos, es decir, a razón de otros 48 diarios. Pero si se tiene en cuenta que estas estadísticas no reflejan todos los heridos que acaban en los hospitales, se estima que en los últimos veinticinco años más de medio millón de peatones han sido víctimas de un accidente de tráfico en este país.

Para estos accidentes no hay portadas de los medios de comunicación, ni reacciones sociales o políticas que busquen evitar la sangría en su raíz. Los accidentes de peatones son un ejemplo de cómo esta sociedad es capaz de asimilar los resultados nocivos de su propia evolución, siempre que éstos se extiendan suficientemente en el espacio y en el tiempo. Los atropellos golpean de un modo acumulativo y disperso, de manera que es difícil comprender globalmente las causas, las consecuencias y las alternativas.Además, el drama de los atropellos no se reduce al dolor que les acompaña, o a las pérdidas económicas y laborales que a veces se destacan, sino también a los procesos sociales a los que dan lugar, los cuales pocas veces se asocian a su causa original.

 

Tabla 1  -  Número de peatones víctimas de accidentes de tráfico en España en 1998.

Total de muertos
995
Total de heridos
12.908
Total de víctimas (muertos y heridos)
13.903

Fuente: Anuario Estadístico de Accidentes 1998. Dirección General de Tráfico. Madrid, 1999.

 

En efecto, a lo largo de las cuatro últimas décadas, el periodo de masificación del automóvil, se ha instaurado un nuevo régimen social en el espacio público escenario de los accidentes; en la ciudad, pero también en las vías no urbanas. Es el régimen del miedo y la preocupación ante el coche, un vehículo fabricado y utilizado con una alta capacidad de herir y matar.

Ahí está por ejemplo la preocupación de los adultos con respecto a los trayectos de los niños de casa al colegio o al parque; el miedo de los ancianos de no llegar a tiempo al otro lado de la calle o de no tener los reflejos suficientes para esquivar un coche que no respeta el paso de cebra; la disuasión del paseo o de los desplazamientos andando como consecuencia de esa expropiación de las vías públicas.

Los atropellos, o mejor dicho, la percepción social de la peligrosidad del tráfico, está contribuyendo así a la reducción drástica del papel del peatón en las ciudades españolas. En círculo vicioso, cada persona que deja de caminar para realizar sus actividades y elige oto medio de transporte incrementa la peligrosidad de las calles y, por tanto, estimula que la presión ambiental sobre el resto de viandantes aumente.

Los peatones muertos o heridos son, por tanto, la parte cruenta y a veces más visible de un gigantesco problema de orden social: la dilapidación del espacio público como lugar de convivencia y socialización, malvendido a las necesidades del vehículo privado.

 

De víctimas a culpables

Lejos de denunciar esa y otras raíces del problema, los técnicos y políticos responsables del tráfico dejan caer continuamente el mismo mensaje: la principal causa de los atropellos es la conducta de los peatones. Al atropello físico sucede el atropello moral de las autoridades, que afean la conducta del atropellado. Según ese punto de vista los peatones se interponen irresponsablemente en el camino de los vehículos donde éstos no los esperan o cuando no pueden reaccionar a tiempo.

Una comprensión ramplona de la seguridad vial, apoyada exclusivamente en una lectura simplificadora de las estadísticas de accidentes, conduce a esa culpabilización de las víctimas del tráfico. En cierto que, desde el punto de vista de las reglas del tráfico, muchos de los atropellos suceden cuando el peatón cruza la calzada por lugares "indebidos" (según la ley del tráfico) o por pasos peatonales "sin las precauciones imprescindibles" (para sobrevivir).

Pero, nada se explica acerca de otros factores y circunstancias que rodean el accidente, como las velocidades inadecuadas de los vehículos que producen los daños, las condiciones de la acera o de los pasos peatonales más próximos, el tiempo de la fase verde peatonal en los semáforos, etc. Aún así, en el 40% de los atropellos ocurridos en zona urbana los agentes policiales no encuentran "infracción" del reglamento alguna por parte del peatón víctima.

 

Tabla 2  -  Los atropellos y las reglas del tráfico en zona urbana en España. Datos de 1998.

n° de peatones víctimas

víctimas

víctimas

víctimas

(muertos y heridos)

0-4 años

5-14 años

+64 años

 

Ninguna infracción

4.599

109

406

1.295

No utilizar el paso de peatones

2.629

67

343

718

Cruzar la vía antirreglamentariamente

2.349

148

571

186

No respetar la señal del semáforo

789

11

86

208

Otras infracciones

657

17

66

140

Total

11.023

352

1.472

2.854

Fuente: Anuario Estadístico de Accidentes 1998. Dirección General de Tráfico. Madrid, 1999.
La diferencia de datos entre esta tabla y la anterior se debe a la segregación de las 775 víctimas ocurridas en las travesías,
que allí están sumados a las de zona urbana.

 

Lo que ocurre es que las normas de tráfico se han ido desarrollando a lo largo del siglo XX con el objetivo declarado de aumentar la facilidad (capacidad y la velocidad) con la que los vehículos utilizan las vías, con independencia de cualquier otra consideración urbanística, ambiental o social. En consecuencia, el uso del espacio público surcado por las vías está sujeto o dominado por la consideración circulatoria. Al imperativo del tráfico motorizado se deben plegar el resto de las funciones urbanas.

Para sobrevivir, los niños, los ancianos o los peatones en general deben aprender las reglas del más fuerte y si fallan serán culpables de no haberse comportado según lo establecido. El título con el que el anuario de la Dirección General de Tráfico encabeza las tablas relativas a las causas de los atropellos es relevante del enfoque oficial respecto a este problema: "Infracciones de los peatones víctimas". Dichas tablas incluyen, por cierto, a infractores tan sospechosos como los niños de 0 a 4 años.

Desgraciadamente los seres humanos no están permanentemente en tensión para comportarse tal y como establecen las normas circulatorias. No sólo ocurre que al menos una quinta parte de los ciudadanos no cuenta, por edad o condición física, con la capacidad de percibir adecuadamente todos las variables de la circulación, sino que además del resto tampoco puede esperarse que mantenga la atención máxima durante absolutamente todos sus recorridos por el espacio público.

La disminución de los atropellos, por tanto, no puede apoyarse principalmente en la educación y la disciplina relativas a las reglas del tráfico, sino en la manera de enfocar la movilidad y las prioridades en la ciudad. Mientras se sigan imponiendo las políticas que facilitan el movimiento de más y más coches y cuanto más rápido mejor, los atropellos seguirán siendo una rutina.

 

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