Pedro Medina - Un gigante dormido -
Yo creo en Colombia
El canal 7 de television de Boston reunió a un grupo de colombianos para hacer un programa sobre la realidad ampliada de Colombia. Hablo de la realidad ampliada porque en un estudio de hace un año con 657 norteamericanos, cuando se les pregunta en qué piensan cuando se menciona a Colombia, el 87 por ciento respondió drogas y terrorismo.
El ampliar esta realidad conlleva hablar de las cuatro revoluciones que hierven
en este momento en nuestra nación. En el programa participaron Juan Ramón
Villa, cónsul en Boston; Claudia Ordóñez, antropóloga;
Miguel Vargas, líder del ballet juvenil colombiano en East Boston; Raúl
Martínez, líder de Colombiana-Mente; Claudia Pineda, líder
del coloquio colombiano; Eduardo Tobón, Vice Presidente Senior del Soveran
Bank, y el suscrito, director de la Fundación "Yo
creo en Colombia".
En el programa, Alberto Vasallo, el conductor, se refirió a Colombia
como el gigante dormido, pero quiero referirme a cuatro revoluciones que están
despertando a ese gigante: la revolución cultural, la del empoderamiento,
la de la juventud, y la de la diáspora.
La revolución cultural lleva ya un par de décadas y viene como
reacción al conflicto interno. Son cuarenta años de conflicto,
con picos de violencia verdaderamente preocupantes, que han creado en Colombia
y en los colombianos un espíritu emprendedor e innovador en el tema cultural.
La revolución cultural tiene una fuerza catalizadora inmensa, pues genera
un efecto espejo que cambia la autoestima de un pueblo. Nos da la oportunidad
de tener una nueva narrativa para construir una identidad
diferente.
Hace un tiempo hablé en una charla de un país con cuarenta años
de guerrilla y conocido por este tema, donde su gente emigra en búsqueda
de mejores oportunidades o huyendo de una realidad terrible y un país
donde cuando alguien surge, los demás lo jalan para abajo. Hay un prejuicio
enorme contra el éxito. "¿Cuál es ese país?"
pregunté. Varias personas respondieron "Colombia" y yo dije,
"¡No, Irlanda!". En efecto, entre 1940 y 1980 Irlanda fue el
país guerrillero de Europa, los irlandeses emigraban masivamente a Estados
Unidos y Europa y había un gran prejuicio contra el éxito.
¿Cómo vino el cambio? En 1978 un joven puso un aviso en el periódico
de >su colegio, "baterista busca guitarrista". Dos personas respondieron
y formaron un grupo. En el 80 produjeron su primer LP. Al grupo le pusieron
U2 y empezaron a exportar música, luego vinieron los escritores y los
escultores, el teatro y el deporte, las novelas y las pinturas. La revolución
cultural se había iniciado. El efecto en el pueblo de Irlanda fue sorprendente,
empezaron a pensar, "si el mundo escucha nuestra música, lee nuestros
autores, valora nuestras obras y admira nuestros deportistas, debe ser que somos
mejores que lo que pensamos que somos".
Se empezaron a ver con un espejo diferente, se empezaron a ver mejores, cambiaron
su narrativa, empezaron a cambiar su auto-imagen. Con este cambio en auto-imagen
vino una inyección de confianza y con la confianza la inversión;
luego lograron el ingreso a la Comunidad Económica Europea. En los últimos
cinco años, Irlanda es el país del mundo desarrollado cuya economía
más ha crecido (8.5% por año en promedio).
En Colombia la revolución cultural está en pleno furor. Uno de
sus pioneros es García Márquez, con su realismo mágico;
este género de escritura es un microcosmos de nuestra cultura- innovadora,
diferente, paradójico, atrevido, "mamagallista", rico y seductor.
Botero ha mostrado una Colombia grande en las plazoletas de todo el mundo, una
Colombia imponente que se muestra como es. Shakira simboliza la Colombia auténtica,
energética, única. Montoya ejemplariza una Colombia luchadora,
ágil y persistente; Silvia Tcherassi, la Colombia bien diseñada,
con buen gusto; Fanny Mickey, la Colombia protagonista, hospitalaria, dramática
y divertida y Betty la Fea la Colombia diferente, dispuesta a sacarle jugo a
lo que se tiene, dispuesta a tomar lo que hace con seriedad pero no tomarse
a síi mismo tan en serio.
Y es en esa Colombia dispuesta a sacarle jugo a lo que se tiene, que nace la
segunda revolución, la del empoderamiento, el cual resulta cuando una
comunidad entiende que su futuro está en sus manos y actúa consecuentemente.
En 1999, once millones de colombianos protagonizaron la marcha más importante
contra una guerra en la historia de la Humanidad, según Thomas Pickering
del Departamento de Estado norteamericano. En ese mismo año en una clase
con 39 estudiantes universitarios, me ocurrió algo que cambió
el curso de mi vida. Les pregunté, "¿cuántos de ustedes
se ven en Colombia en cinco años?" Doce alzaron la mano. Le dije
a los otros veintisiete, "¿y ustedes qué?" y ellos me
devolvieron la pregunta; "díganos ¿por qué nos quedamos?"
Yo les dije, hmmm... el café, las esmeraldas, los dos mares, las flores
y....", no se me ocurrió más nada.
Frustrado, decidí hacer algo al respecto. Ensamblé un grupo de
estudiantes de cinco universidades que trabajó durante dieciocho meses
investigando el por qué creer en Colombia. De ese esfuerzo, nacieron
cinco charlas. La primera, "Por qué creer en Colombia", ha
sido presentada ante audiencias que van desde trece mil jóvenes en el
Estadio El Campín en Bogotá hasta todos los embajadores acreditados
en Colombia, desde los tres candidatos presidenciales, hasta los colombianos
en Queens y East Boston, desde las reinas de belleza, hasta la convención
bancaria. En 604 ocasiones ante 203.000 colombianos en cuarenta y tres ciudades
y siete países, los voluntarios de la Fundación "Yo
creo en Colombia" han despertado una chispa de empoderamiento.
Para mí, la transición de empresario a empresario social que resultó
de esta experiencia es un factor inmenso de empoderamiento. Como estos dos ejemplos,
hay cientos de otros casos de esa revolución de empoderamiento en la
que se encuentra Colombia. Vale la pena resaltar las 110.000 entidades sin ánimo
de lucro, las instancias de resistencia pacífica a los insurgentes como
la reciente de los Paeces, los colegios en concesión en Bogotá,
los consejos comunitarios del actual gobierno y la gestión empresarial
rompe-paradigmas en industrias como la palma y el banano. La chispa de empoderamiento
en Colombia está al rojo vivo.
Esta chispa de empoderamiento ha iniciado una tercera revolución: la
de la juventud. El movimiento de niños por la paz es uno de sus primeros
propulsores. Dos millones de niños colombianos lideraron un referendo
por la paz. Toda una nación de cuarenta millones de habitantes reconoció
que su juventud tenía la razón. Esa misma juventud protagonizó
movimientos como el de Jóvenes Emprendedores Exportadores, Expocamello
y Colombia Joven. Esos mismos jóvenes han identificado modelos como José
Manuel Acevedo, el columnista más joven del país quien desde los
trece años escribe columnas que mueven a la gente, o Juan Pablo Montoya
quien desde los nueve años es campeón deportista, como ejemplos
a seguir. Como ellos, cientos de otros jóvenes colombianos están
liderando revoluciones en sus hogares, colegios, universidades, instituciones
y comunidades.
Y la cuarta revolución, más reciente, menos protagónica
aún, pero con un potencial inmenso, es la revolución de la diáspora.
Hace dos años, David Letterman en su programa de televisión se
estaba burlando de las reinas de belleza con el tema de competencias. Dijo que
ahora las reinas iban a ser juzgadas no por su belleza sino por sus competencias.
Por ejemplo, dijo, que la reina colombiana va a ser juzgada por su capacidad
de tragarse cinco condones con cocaína. Este comentario despertó
indignación. Las comunidades colombianas en el exterior se unieron. Empezaron
a mandar cartas y correos electrónicos, a llamar y a manifestarse frente
al edificio de la CBS. Por primera vez en la historia de ese programa la CBS
permitió que una persona como Andrea Nocetti abriera el programa. Durante
diez minutos, frente a veinte millones de televidentes, tuvo la oportunidad
de hablar en una forma positiva sobre Colombia. La fuerza de una diáspora
de cinco millones de colombianos, gente emprendedora, deportistas, estudiantes,
científicos, artistas, y trabajadores colombianos es algo que el gobierno
actual ha reconocido, y está trabajando para capturar gente que ha sobresalido
en su campo como el colombiano Argemiro Bonilla, el mejor tallador de muebles
de madera de los Estados Unidos. Esa fuerza que ya representa la segunda fuente
de divisas para Colombia después del petróleo puede traer conocimientos,
conexión, competencias, ideas, metodologías, posicionamiento,
capital, oportunidades, y confianza a Colombia. Vale la pena apoyar ejemplos
de grupos que están uniendo a esa diáspora como Colombiana-Mente,
y cientos de otros.
Colombia es una país revolucionario, cuna de cuatro revoluciones en plena
ebullición. Las cuatro están concatenadas. La cultura trae paz
interna y la paz interna conduce a paz externa, el empoderamiento resulta en
una remoción de paradigmas que nos bloquean el crecimiento y en una adopción
y desarrollo de competencias que nos ayudan a sacarle jugo a las grandes riquezas
que tenemos los colombianos. La juventud y la diáspora actúan
como catalizadores y facilitadores de los procesos de cambio. Colombia es una
nación que merece un presente mejor que el que tiene y está construyendo
un futuro mejor en formas revolucionarias.
Los 200.000 televidentes que vieron ese programa el 20 de julio, en cinco estados
del noreste de Estados Unidos, escucharon sobre estas cuatro revoluciones y
sobre el concepto del gigante dormido. Colombia, un país que se está
despertando... ¡¡¡Ayudémoslo!!!
Pedro Medina es Fellow en el Centro de Asuntos Internacionales Weatherhead
de la Universidad de Harvard y lidera la Fundación "Yo
Creo en Colombia".