Ana Corona Boned - Víctimas y asesinos

 

Sant Antoni, abril de 2007

 

En qué momento empezaremos a concienciarnos de que, al sentarnos al volante, todos, sin excepción, somos víctimas y asesinos en potencia, desde el primer toque de acelerador, sea cual sea el trayecto: corto o largo, desdoblado o de doble sentido, con curvas o en una recta.

Ponernos al volante con sueño o habiendo bebido una copa de más, llevar a nuestro hijo sin la silla adecuada (en algunos casos, todavía, sin silla o sin cinturón), hablar por teléfono, no mantener la distancia de seguridad, no respetar los límites de velocidad... Sabemos cuales son las causas pero somos incapaces de poner remedio. Los nervios nos invaden cuando nos precede un vehículo que no va a la velocidad que nos gustaría y nos parece una exageración dejar el coche aparcado delante del restaurante o de la discoteca si nos hemos pasado bebiendo o si nos sentimos cansados o con sueño.

Si somos mayores no reconocemos que quizá ya no deberíamos ponernos al volante, si somos jóvenes la euforia de una noche de marcha nos impide ver más allá de lo bien que nos lo estamos pasando y los que estamos en medio llevamos en la cabeza muchos problemas y mucha prisa para resolverlos todos. Mientras conducimos, estamos demasiado ocupados pensando en nuestra vida, demasiado ocupados para pensar que en una décima de segundo y por olvidarnos de que nos la estamos jugando, podemos perderla y, de paso, llevarnos alguna por delante.

Pensemos todos cómo sería de insoportable nuestra existencia después de haber perdido a alguien en un accidente o después de habernos llevado por delante la vida de otra persona. Después de haber dejado a un hijo sin padre o a un padre sin hijo y seamos conscientes de que, en un momento dado, pisar el acelerador más de la cuenta o coger el coche si no estamos en condiciones de conducir puede cambiar nuestras vidas y las de los que se crucen en nuestro camino.

Estos días, por segunda vez en mi vida, hay personas muy cercanas sufriendo las consecuencias de un accidente de tráfico. A Maria, Antonio, Raúl y María José con todo mi cariño y el de tanta otra gente y con los ánimos de saber que todo irá bien.

 

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