Antonio Estevan Estevan - Atropellos o rotondas: el dilema de Andratx

 

Diario de Mallorca, 20 de enero de 2002

 

La polémica surgida en tomo a la variante de Andratx ilustra de forma modélica el conflicto de fondo que lleva años obstaculizando la política de carreteras en Balears. En materia de seguridad vial, son obvias las ventajas de la solución con dos rotondas aprobada por la Comissió de Medi Ambient. Andratx necesita un elemento de frenado del tráfico a la entrada del núcleo urbano, que inexplicablemente nunca se ha construido. Desde 1982 se han contabilizado 12 accidentes con un total de 5 muertos y 17 heridos, todos ellos en los primeros 600 metros de la entrada al casco urbano. La rotonda a la entrada de Andratx protegerá a la población, moderando la velocidad del tráfico de tránsito. La solución con paso inferior en lugar de rotonda no sólo no prestaría esa protección, sino que además crearía una variante rápida y peligrosa, en curva y en fuerte bajada continua desde el Coll Andritxol hasta la carretera del Port. Y requeriría no uno sino varios terraplenes, algo más bajos pero mucho más largos que el de la salida de la rotonda, y una plataforma vial de 24 metros de anchura, con un impacto territorial y paisajístico mucho mayor. Todo para "ganar" unos 8 segundos, que es la demora que experimenta el turismo medio en una rotonda.

En Balears, como en otros lugares, los técnicos de carreteras de formación más tradicional priorizan en sus proyectos lo que llaman "funcionalidad", que no es sino la velocidad de circulación. Ello ha contribuido, especialmente en Mallorca y en Eivissa, a un serio fracaso en materia de seguridad vial, así como a graves impactos ambientales. Estos enfoques distan de haber sido superados, como lo prueban no sólo la polémica desatada en Andratx, sino también otros proyectos en curso: la variante de Inca en forma de autopista, la sobredimensionada intersección de Santa Ponça, las vías rápidas de Eivissa-Sant Josep y Maó-Fornells, etcétera.

Sin embargo, desde hace años se viene formando en Balears una conciencia social que desea una política de carreteras con mayor protección.ambiental y mejor seguridad vial. Cuando, en los años noventa, la sociedad balear empezó a rechazar el modelo viario de autopistas y vías rápidas de tipo continental, la respuesta institucional fue tajante: "O esto o nada. Ya lo aceptaréis cuando la saturación sea insoportable". Con buen criterio, la sociedad balear no aceptó el chantaje, y el resultado fue "nada".

Con la llegada del Pacte de Progrés se produjo una situación insólita. El Govern respondió a las demandas de la mayoría de la población diseñando un nuevo modelo de transporte y de red viaria, basado en el respeto ambiental, la recuperación del transporte colectivo y la "nueva seguridad vial" (calmado del tráfico, contención del automóvil, etc.). Pero las esferas técnicas tradicionales no sólo no aceptaron este cambio de enfoque, sino que se opusieron a él activamente, tanto en Palma como en Madrid. Ello ha dificultado la elaboración y la financiación de los proyectos más representativos de estos nuevos enfoques (Manacor, Universidad, etc.), y ha obstaculizado todo el programa de transportes del Govern.

El conflicto de Andratx ha vuelto a poner de manifiesto que no se puede avanzar hacia una movilidad sostenible, segura y eficiente con modelos de carreteras que contribuyen a agravar los problemas creados por el automóvil, en vez de a resolverlos. Mucha gente ya lo ha comprendido, y por eso, mientras las instituciones no asimilen esta idea con todas sus consecuencias, no cesará el goteo de conflictos en tomo a las carreteras en Balears.

 

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