Armando Fidel Gutiérrez Arispón  - 

Antonio Mateos Pacheco, ingeniero consultor  -  In  Memoriam

 

Billete único,  1 de Octubre de 2008

 

Nació en Madrid el 10 de junio de 1947.
Fue director de la oficina de EPYPSA en Sevilla.
Falleció de infarto el 18 de julio de 2008.

 

No terminaba de reponerme de la pérdida de Ignacio Santos Yanguas, cuando nuevamente el destino se ha empeñado tozudamente en conseguir que julio deje de ser mi mes favorito. De nuevo, la voz entrecortada de Rafael Sánchez me volvía a dar otra noticia que no quería creer. Antonio Mateos había muerto.

Antonio tenía algo que lo hacía entrañable nada más conocerlo, quizás fuera ese aspecto frágil que le daba su cuerpo pequeño y enjuto, quizás su mirada limpia y sin dobleces, quizás su generosa sonrisa, que de franca y sincera se hacía contagiosa. Transmitía confianza. Era educado y elegante de modales, lo que mi abuela llamaba todo un caballero. En términos cinematográficos puede decirse que llenaba la pantalla. Dentro de ese envoltorio se ocultaba un cerebro prodigioso y un alma pura. Voraz lector, apasionado de la historia, la música y la ciencia. Era un hombre perfectamente informado y tenía una enorme capacidad crítica para analizar los temas de actualidad. Cuando hablaba la gente lo escuchaba. Era fiel a sus principios y a sus ideas, que defendía con firmeza. Tenía un toque de rebelde con causa que lo hacía respetable.

Profesionalmente era un consultor fiable, pedagógico y brillante. Su muerte, inesperada después de superar graves achaques de salud años atrás, deja un vacío insoportable en su oficina de Sevilla y una pérdida enorme para el Consorcio de Transportes y la Consejería de Obras Públicas y Transportes de la Junta de Andalucía. Trabajó codo con codo con Miguel Durbán en la implantación del billete único y redactó junto a Ignacio Santos el Plan de Transporte Metropolitano del Área de Sevilla.

La muerte le sobrevino en un momento profesional y personal excelente. Deja una mujer enamorada, dos hijos maravillosos y un reguero de familiares, amigos y compañeros que nunca lo olvidarán.

Querido Antonio, aunque tú no creías en las cosas del más allá, mi esperanza es que sean ciertos los versos finales de la Elegía de Miguel Hernández y por eso te digo:

“A las aladas almas de las rosas del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero.”

Que así sea.

 

Armando Fidel Gutiérrez Arispón...

Artículos ajenos...

Movilidad...

Movilidad - Sevilla...