Belén Ayuso Oliva, epesse Elbereth - NI MÁS NI MENOS

 

Como bien dijo el filósofo Aristóteles: “El hombre es un animal cívico, político”. Por tanto, los humanos somos capaces de inventar sociedades diversas, transformarlas e incluso rebelarnos contra ellas, para que se orienten según nuestros objetivos. Es por ello, propio de la naturaleza de las personas sublevarse contra aquellas situaciones que pongan en peligro la voluntad general. Gracias a los conflictos, en los que se lucha por una causa justa, la sociedad progresa, inventa y transforma. “Los conflictos son síntoma que acompaña la vida en sociedad”, como anota Fernando Savater en “Política para Amador”. En cada uno de ellos, han intervenido tanto hombres como mujeres para poner de manifiesto sus oposiciones ante órdenes peyorativos. De esta manera, al enfrentarnos por conseguir que nuestros deseos se cumplan, constatamos que somos diferentes, no nos gusta ser meras máquinas que funcionan ateniéndose al complicado motor que las acciona, sino que preferimos actuar según los intereses de uno mismo en concordancia con los demás y no obedeciendo a la figura de un gobernante como un ser supremo de doctrinas inmodificables. Es decir, nosotros los ciudadanos, somos los que delegamos nuestro poder en un gobierno determinado que establecerá unas leyes que se atengan a nuestros intereses. En cuanto nuestros deseos se ven invalidados, protestamos, nos manifestamos, y luchamos todos juntos unidos por un mismo fin: la Justicia. De esta manera también, (sigo citando a Savater) a través de los conflictos, damos a entender que los demás seres humanos nos preocupan porque de lo contrario los ignoraríamos y seguiríamos nuestro camino. Pero no es así, somos sociables; en consecuencia, nos preocupamos por los demás. Aún así yo me pregunto: si nos preocupan el resto de seres que comparten una misma vida con nosotros ¿por qué dejamos de lado a una parte de la humanidad? Al fin y al cabo todos somos humanos, todos hemos luchado juntos en numerosos conflictos, todos hemos jugado un papel muy importante en nuestra propia historia... pero entonces, ¿por qué se infravaloran las acciones de unos y se ensalzan las de otros? No es lógico ¿verdad? Me refiero a la mujer, sí. Es decepcionante que aún no se reconozcan sus numerosas hazañas a lo largo de la historia y gran parte de esa culpa la tiene la Educación. La mujer se ve relegada a un escalafón inferior al del hombre. Todavía, su importancia no se enfatiza de la misma forma que se hace con el hombre. Todo el mundo conoce al famoso pianista Robert Schumann, sin embargo nada se sabe acerca de su esposa, Clara Wieck, una virtuosa del piano cuyas dotes musicales eran comparadas con las de Mozart, por debutar como pianista a los seis años. Tampoco se sabe mucho acerca de Mary Wollstonecraft, famosa escritora inglesa revindicadora de los derechos de las mujeres, de la igualdad educativa y de las oportunidades para ambos sexos. Fue una gran poeta, cuyas obras: “Vindicación de los Derechos de la Mujer” (1792), “Vindicación de los Derechos del Hombre”(1793), etc. apenas son reconocidas. De igual forma ocurre con Agustina de Aragón, famosa heroína española que disparó a cañonazos contra los franceses durante la Guerra de la Independencia española, impidiendo la entrada de éstos en la ciudad de Zaragoza y siendo nombrada subteniente de infantería por Fernando VII .

Existen numerosos casos de grandes mujeres, dignas de elogio. Como sucede también con Catalina de Erauso, la cual decidió abandonar sus hábitos de monja y escapar del convento al que pertenecía, para convertirse en soldado en Chile donde dio muestras de valentía como alférez, batallando contra los nativos. Disfrazada de hombre y bajo el nombre de Antonio de Erauso logró una libertad impensable para la mujer en su época. Y a pesar de ello, los datos que tenemos suyos y del resto de mujeres quedan reducidos a un pequeño espacio en un texto de no más de cincuenta palabras en enciclopedias que prefieren ahorrar espacio y dinero, para describir otros asuntos de importancia superior.

El problema reside fundamentalmente en la Educación. Con ella podemos crear personas útiles, inteligentes, serviciales, conocedoras de su propia tradición cultural, con deseos de vivir y, sobre todo, personas que usan la razón por encima de todo. La buena educación invita a la sociedad a la aceptación de nuevas ideas. La mujer también forma parte de esa educación, y estamos obligados a añadirla sin ningún reparo, pues completa la historia de la humanidad.

Sin embargo, la historia oficial tiene un sello masculino y esto queda perfectamente reflejado en el abandono al que Olimpia de Gouges fue sometida, la primera en redactar los derechos de la mujer. Fue, además, la única mujer que durante la Revolución Francesa habló públicamente en contra de la esclavitud, además de escribir “La declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana”, en el que revindicaba la igualdad civil entre los sexos. Este camino la llevó como consecuencia a la guillotina. Fue una de las figuras más emblemáticas de la época, que se sumió en el olvido y hoy algunos tratamos de rescatarla.


Pero las mujeres no sólo encuentran dificultades para que se valoren sus hazañas. Sino que además, encuentran obstáculos en el terreno laboral. El empleo de mujeres en Europa, EEUU, y Japón es muy similar; existe una legislación relativa a la igualdad de oportunidades y la protección de la mujer en el trabajo. En España sin embargo, el porcentaje es mucho menor debido a la tardía incorporación de la mujer al mercado laboral.

En Corea del Sur, Singapur y Taiwan, la presencia de la mujer en el mundo laboral es reducida. Las actitudes paternalistas tradicionales, la importancia de la familia en las religiones confucionistas y el predominio del Islam, tienden a disminuir el estatus y la presencia de la mujer en el trabajo. En países de economías pobres de África, Asia y América latina, la mayoría de las mujeres trabajan en el campo, en los mercados, acarreando combustible y agua a larga distancia, pero su contribución económica sigue sin ser reconocida. Entre los países occidentales, Suecia es el único que ha logrado una mayor igualdad laboral para las mujeres, debido, sobre todo a que el gobierno sueco ha emprendido una reforma de los libros de texto, la educación de los padres, la protección de menores, las políticas de impuestos, la legislación relativa al matrimonio y al divorcio, y el reconocimiento de las necesidades específicas de las madres trabajadoras. El sistema de bienestar sueco ha sido fruto de una reforma educativa. Es, por eso, considerado como un modelo digno de imitar, que está siendo analizado sobre todo por los países europeos.

La igualdad de la mujer todavía no es patente. Aún se viven situaciones vergonzosas que atentan contra su condición de persona humana. Me refiero a los países islámicos, donde la mujer es considerada como la escoria de la sociedad. En ellos, la mujer no tiene derecho a la vida propia, es maltratada psicológica y físicamente y, cualquier intento de integrarse en la sociedad es frenado por los grupos islámicos más intransigentes. A pesar de ello, muchas mujeres se reúnen en asociaciones para encontrar una posible solución a este problema. El cual no reside en los contenidos doctrinales que el Corán predica, sino en su mala interpretación. Es por tanto éste, un problema de tipo ideológico y exterminarlo se hace muy difícil. Sobre todo porque cuando una mujer lucha por su integración, valoración... es considerada una feminista en sentido peyorativo. Mi pregunta es: ¿por qué la mujer no consigue aún la igualdad? Pues NI MÁS NI MENOS, porque a los hombres no parece agradarles la idea de competir con las mujeres a nivel social, (quizás porque están empezando a darse cuenta de que pueden alcanzar todo lo que se proponen) o porque en esta sociedad “tan moderna” no somos capaces de librarnos de los prejuicios históricos que siempre han atado a la mujer.

elbereth_24@yahoo.es

Belén Ayuso Oliva...

La clave es la educación...