Bernat Joan i Marí  -  Equívocos en torno a la lengua

 

Marzo de 2010

 

Original català

 

Veo con preocupación que el sector anti-ibicenco vuelve a hacer ruido en foros diversos, que hay una campaña en marcha, otra vez, por intoxicar en torno a la cuestión lingüística. Quisiera pensar que no es que el PP esté calentando motores de cara a unas hipotéticas elecciones anticipadas. Si así fuera, se trataría de una actitud muy irresponsable por su parte, sobre todo si tenemos en cuenta que la arquitectura básica, en legislación lingüística, en Baleares, ha sido obra del Partido Popular (y, seguramente, se encuentra entre las cosas más acertadas que ha hecho el PP). Fue con un Gobierno presidido por Gabriel Cañellas que se aprobó la Ley de Normalización Lingüística (abril de 1986), y fue en otro gobierno del PP que Joan Flaquer promulgó el Decreto de mínimos de enseñanza en lengua catalana que, felizmente, se encuentra todavía vigente en las Baleares. Por tanto, entiendo que no es el PP el partido que pueda estar interesado en organizar la campaña electoral (como sus correligionarios gallegos hicieron recientemente) en torno a la cuestión lingüística.

Cuando se usa la lengua como arma política, se suele caer sistemáticamente en toda una serie de equívocos que sacan su fuerza de la simplicidad y que, por tanto, no son fáciles de rebatir:  normalmente, para refutarlos hace falta un discurso más estructurado, más complejo y, por tanto, menos apropiado para la comunicación pública inmediata. Veamos algunos ejemplos:

a)  El esfuerzo que se dedica a promover el catalán debería dedicarse a fomentar lenguas más útiles para la comunicación, como el inglés.

Razonamiento totalmente falso. El conocimiento de lenguas no resta sino que suma, y no es meramente acumulativo, sino multiplicador. Los niños bilingües - que realmente conocen bien dos lenguas - tienen mucha más facilidad para aprender una tercera (y una cuarta y una quinta, en su caso). Por tanto, el esfuerzo que hacemos para fomentar el catalán es, indirectamente, un esfuerzo que contribuirá a mejorar el conocimiento del inglés. La prueba de ello es que la propuesta de trilingüismo escolar que hizo el gobierno de Jaume Matas era inviable porque, justamente, los profesores que estaban preparados para enseñar en inglés eran generalmente los que también estaban preparados para enseñar en catalán. No es casualidad.

b)  Los padres deberían poder elegir la lengua en que son educados sus hijos.

Este razonamiento se suele presentar como parte de la libertad de elegir. Nada más lejos de la realidad, otra vez. Como demostró el equipo de expertos que hace el seguimiento de la Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias, el sistema de inmersión lingüística (o el sistema de unos mínimos en catalán, como en Baleares) es mejor para el aprendizaje del catalán que no el sistema de dobles líneas (como en el País Valenciano). Los niños que van a la línea en valenciano son bilingües, los que van a la línea en español tienen un conocimiento muy precario de nuestra lengua. Lo dice el Consejo de la Unión Europea.

c)  Los no catalanohablantes se encuentran discriminados debido a la "imposición" del catalán.

Es exactamente lo contrario: los no catalanohablantes están discriminados, a veces, porque el catalán no se impone bastante. Quiero decir que los catalanohablantes ya tenemos este instrumento lingüístico, necesario para poder participar en igualdad de oportunidades dentro de nuestra sociedad. Nosotros ya sabemos catalán. También sabemos español, y, normalmente, alguna otra lengua. Son los que no saben catalán los que tienen un problema de discriminación, pero la discriminación surge del desconocimiento. Los que saben más lenguas tienen más oportunidades (al igual que los que saben más matemáticas, más biología o más ciencias de la salud). Yo estoy discriminado en relación a los cirujanos, porque no tengo ni idea de medicina. Y se trata, por supuesto, de una discriminación totalmente justa y lógica. En un territorio con dos lenguas oficiales, como es el caso, ¿no es lógico y justo que los que sólo saben una estén discriminados? Y la discriminación, ¿no viene de la ignorancia? Queda claro, pues, que la única manera de evitar la discriminación es consiguiendo que todo el mundo sepa catalán. Y todo el mundo sabría si el catalán se impusiera lo suficiente.

Entiendo que es importante deshacer los numerosos equívocos que hay sobre la cuestión lingüística (para muestra, sólo he ofrecido un botón, en este artículo), para evitar que se manipule, como suele ocurrir, a favor de intereses no muy confesables.

 

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