Bernat Joan i Marí - Sobre lo que es políticamente correcto

 

El bloc de Bernat Joan i Marí

 

(Ultima Hora, 3 de junio de 2005)

 

Hoy día, por encima del derecho de recibir información de las cosas que pasan, y de recibirla a través de los medios de comunicación, pesa una losa, pesadísima a ratos, que ya no es, afortunadamente, la censura franquista, sino lo que se considera «políticamente correcto». He estado a punto de escribir que ya no sufrimos ninguna Inquisición, pero no hay duda de que lo «políticamente correcto» puede acabar convirtiéndose en un tipo de Inquisición, porque coarta la libertad de decir las cosas en la misma medida en la que la pueden coartar diversas clases de miedo.

El tema de la «corrección política» involucra fundamentalmente la cuestión de los grupos humanos, de sus interrelaciones, de las nacionalidades, lenguas y culturas... Y también del tratamiento de las creencias, entre otros aspectos. Todos estos elementos pueden ser fundamentales o no a la hora de informar sobre unas cosas determinadas. También pueden constituir un obstáculo (o no) a la hora de analizar cómo se organiza una sociedad determinada. (Sorprende, y pongámoslo entre paréntesis, que el estudio de unas determinadas cosas pueda ser tabú hoy día, como lo ha sido hasta ahora, por ejemplo, la referencia a todo aquello que tenga a ver con el sexo).

Las personas tenemos tendencia a creer, además, que todo el mundo se organiza como nosotros, porque no solemos tener más parámetro que nosotros mismos (en plural comunitario) para entender el mundo. De manera que, entre nosotros, consideramos que lo que se encuentra políticamente correcto por aquí coincide punto por punto con lo que se considera en el resto del mundo.

Por suerte, a estas alturas eso ya no ocurre ni siquiera en el contexto de la Unión Europea. Y la ampliación a veinticinco, que se produjo ahora hace un poquito más de un año, ha tendido a acentuarlo. Por ejemplo, entre nosotros es más políticamente correcto ser «progresista» que «conservador». Incluso los del PP se consideran a sí mismos como «progresistas». También ser defensor de la Naturaleza, e incluso los delincuentes medioambientales más pertinaces, si alguien les pregunta sobre el tema, parecen ecologistas de pro. Después hacen lo que hacen, pero lo políticamente correcto se refiere fundamentalmente al discurso que se genera; para nada, a la práctica. En la misma línea, todo el mundo está por la igualdad entre hombres y mujeres, por la laicidad, por la libertad de expresión, por la no discriminación, por el multiculturalismo, por la multilateralidad, contra los Estados Unidos, de uñas contra Israel, a favor de los pobres y de los desvalidos y contra el neoliberalismo.

Tomemos uno de los países de la Europa ampliada -pongamos por caso Polonia, que nos servirá para ejemplificar eso que explicamos- y veamos lo que es políticamente correcto por allí. Por ejemplo, es más «políticamente correcto» ser «conservador» que «progresista». El término «progresista» -mucho más, evidentemente, el término «izquierda»- nos remite a la etapa en que Polonia vivió bajo un régimen dictatorial y, por lo tanto, si alguien dice de sí mismo que es progresista, da pie a que se le sospechen connivencias con Jaruzelski. Por lo tanto, es muy probable que uno de los escasos socialdemócratas que hoy día quedan por allá (y pensemos que allá la socialdemocracia es la izquierda más extrema) se defina a sí mismo como «conservador». En la misma línea, en Polonia es mucho más políticamente correcto ser «creyente» que «agnóstico», y «religioso» que «laico». Dentro de una sociedad laica como la nuestra, con una clara división entre las creencias religiosas y el área política, quizá no se acaba de entender; pero en Polonia, si eres laico, puedes resultar sospechoso de no ser lo suficientemente demócrata, de tener alguna cosa a medias con la dictadura... En un país como Polonia, asediado por las naciones vecinas durante años y años, estar por el «multiculturalismo» te puede hacer automáticamente sospechoso de querer que los nazis o los soviéticos vuelvan a invadir la patria, mientras que ser sólidamente «nacionalista» está muy bien visto y da respetabilidad. ¿Y para quién son las simpatías de Polonia? Para aquellos que han ayudado a los polacos cuando lo han necesitado, y para aquellos con quienes han sufrido conjuntamente la opresión. Por eso, en Polonia, lógicamente, caen mucho más simpáticos los Estados Unidos e Israel que no, pongamos por caso, el eje francoalemán o Rusia.

Sólo una última reflexión sobre cómo se construye lo «políticamente correcto». Cada país tiene tendencia a construirlo en función de los propios intereses. Excepto aquellos que, no estando bien autocentrados, no tenemos discurso para construir desde nuestro propio punto de vista y nos dedicamos a copiar el del contrario.

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