Fernando Bertazioli Riquer - Al carajo sa Penya, la Marina y Dalt Vila

 

Diciembre de 2007

 

Tenía ganas de escribir "a la mierda", pero lo he encontrado fuerte y he optado por el "carajo", que quizás sería más suave pero que sin embargo ilustra perfectamente el enorme disgusto que he tenido cuando he leído que el Ayuntamiento hacia oídos sordos a la proposición que los vecinos de Dalt Vila hicimos para la construcción del aparcamiento en el interior del baluarte de Santa Lucía.

El rechazo de esta proposición me ha puesto furibundo pues es, como escribí anteriormente, lo que impediría la muerte segura de los barrios históricos de Eivissa. Si, a la vista de todos está que estos barrios están agonizando, es particularmente lacerante que los que tienen la obligación de impedirlo hagan unos parcheos que sólo sirven para gastar dinero, pero que no solucionan el fondo del problema.

El proyecto que fue presentado ha sido rechazado a causa de los informes desfavorables de los servicios técnicos del Ayuntamiento. Hay que confiar que entre estos no estaría el que indicó que las murallas estaban inicialmente pintadas, eso sí, sin especificar si era en purpurina de oro (para demostrar que Eivissa era rica) o rojo rabioso. Seamos serios, en los planos de Juan Alonso Rubián (SGE nº 171 uno y el otro AGS-MP.DXV4) se ve perfectamente cómo se construyó esta parte de la muralla. El concejal de Vivienda y Casco Histórico dice (según leo en el Diariode Ibiza) que podría tener consecuencias negativas desde el punto de vista arqueológico y geológico. En lo que concierne a la posible destrucción de restos arqueológicos, aún está presente en la memoria de todos nosotros lo que ha sido de ellos durante la construcción de las famosas autopistas. Personalmente, cuando yo era vocal de la Comisión de Patrimonio, puedo dar fe de los numerosos restos que fueron destruidos en el interior del recinto del Castillo. Pero estos últimos fueron dibujados y estudiados antes de su desaparición, lo que no impediría hacer lo mismo en el baluarte.

Y en lo concerniente a ser de "roca dura" y que tendría consecuencias negativas, según el concejal, me permito copiar parte de una carta del 16 de noviembre de 1578 enviada por el ingeniero Juan Alonso Rubián al rey Felipe II en la que escribe referente al lugar donde se levantaría el baluarte de Santa Lucía: "(...) De una peña que hay falsa, que por encima parece que es firme y debajo de ella es todo greda". Esta greda, arcilla arenosa, fue mucho tiempo visible en las cuevas que algunos desaprensivos hicieron al pie de la muralla, en la calle de sa Pedrera y que fueron, por lo menos una, ocupada como vivienda.

Así que para mí estos informes técnicos están lejos de ser suficientes para parar un proyecto que sería el orgullo de la ciudad, pero que sobre todo teniendo en cuenta la configuración del casco histórico, sería el verdadero motor que impediría su inevitable ruina.

En lo que es el aparcamiento del Portal Nou, éste sólo daría servicio a los vecinos de sa Capelleta, Vara de Rey, Parque y algunos más, pero además de ser de una capacidad reducida, sería un mamotreto que, aunque llenase el desmonte existente, destruiría un espacio que ha demostrado su utilidad e idoneidad en los conciertos que se han hecho en él. Valdría más dejar el Parque Reina Sofía como está y buscar otro emplazamiento en esta zona. Lo que sí está claro es que no nos serviría para nada a los vecinos de sa Penya, Dalt Vila y la Marina, absolutamente para nada.

El aparcamiento que propusimos en el interior del baluarte de Santa Lucía tendría, según acordamos con los autores del anteproyecto una entrada-salida superior sin tocar la muralla, en la Carroza, que, por su situación en el centro de Dalt Vila, sería de un gran alivio para él, y otra entrada-salida detrás de sa Peixateria que, salvando los contrafuertes de la casamata, separados entre ellos unos cinco metros, y dejando un paso de unos cuatro metros, haría que esta abertura inferior fuera de una enorme valía para los barrios de la Marina y sa Penya.

El asunto que aquí se plantea es de una enorme importancia para la ciudad de Eivissa y, repito, puede ser el oxígeno o la guillotina para los tres barrios históricos, según cómo se plantee. Creo que habría que abrir un debate público para que todos los ibicencos veamos lo que nos jugamos. De todos nosotros depende, como decía al principio, que sa Penya, la Marina y Dalt Vila se vayan al carajo o que puedan figurar dignamente en una ciudad que se vanagloria de ser Patrimonio de la Humanidad.

 

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