Fernando Bertazioli Riquer - El corazón de Vila

 

26 de noviembre de 2006

 

Cuando el pasado 3 de noviembre me preguntaba en el Diario de Ibiza qué se hará en la calle Juan Román, hacía más reflexiones que como vecino de Dalt Vila que como ardiente e insistente defensor, desde hace varias décadas, de nuestro patrimonio, sobre todo arquitectónico y arqueológico. Era ineludible que las expresara. Desde el principio dejé sentado que, sólo por comentarios, conocía la importancia del hallazgo y que no había tenido oportunidad de visitar los restos de nuestro pasado que los arqueólogos estaban poniendo actualmente al descubierto. Ahora ya no es el caso.

Desde una finca colindante he podido ver y fotografíar el conjunto del yacimiento excavado. Es simplemente sensacional. Es el corazón vivo de lo que después sería nuestra ciudad; es el corazón vivo de esta ciudad que se ha ido formando, transformando y que, alargando sus tentáculos, ha ido sembrando en toda la isla todo lo que hoy conocemos.

Este yacimiento es un conjunto de callejones empedrados, de restos de casas, de habitáculos de pequeñas dimensiones. Es un yacimiento de un gran valor histórico, pues si sa Caleta fue el inicio de la implantación de los púnicos en la isla, viendo estos callejones y viviendas enterradas en el suelo de Dalt Vila, somos conscientes de la enorme trascendencia que ello tiene para conocer mejor y amar nuestro pasado.

He leído todo lo que se ha escrito y dicho sobre este yacimiento, que "los restos de Joan Roman se conservaron según la ley y las técnicas", que el Consell dirá "si el hallazgo debe ser conservado in situ o si se trasladará al museo" y también que "para conservar el patrimonio hay que entenderlo". Es segurísimo que en estas excavaciones, de las que se han extraído enormes cantidades de escombros, se habrán encontrado infinidad de objetos o restos que tendrán que ir al museo, pero las calles empedradas, los muros, un arco que he visto y todo lo que queda por descubrir tendrán que quedar in situ, a la vista de los conocedores y de los ignorantes de nuestra historia, a la vista de todos, ibicencos de nacimiento, ibicencos de adopción, ibicencos de corazón, a la vista de todos nuestros visitantes. Pieza clave en esta museización que se quiere hacer y que se está haciendo de Dalt Vila, encerrada en sus magníficas murallas.

Tanto el Consell como el Ayuntamiento tienen que unir sus esfuerzos, lejos de cualquier protagonismo, para que este tesoro sea salvaguardado, apoyados por todas las asociaciones que, de una manera u otra, defienden nuestro patrimonio, nuestra cultura, nuestro pasado, pero también nuestro porvenir.

Dos personas muy cualificadas y experimentadas en Derecho me han confirmado que la titularidad de las calles no prescribe jamás y que son inembargables; si una de ellas está dibujada en varios planos de la ciudad de mediados del siglo XVIII, es indiscutible que la construcción proyectada en ese terreno es de dificilísima, por no decir imposible, realización.

Ante el dilema planteado y para evitar la repetición de la salvajada de Can Partit, nuestras autoridades tienen la obligación de preservar este yacimiento y llegar a un acuerdo satisfactorio con los promotores. Eivissa se lo merece.

 

Fernando Bertazioli Riquer...

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