Fernando Bertazioli Riquer - Dalt Vila se despuebla

 

18 de agosto de 2008

 

La entrevista que el domingo 10 de agosto publicó el Diario de Ibiza con el señor Marc Costa, concejal para el casco antiguo de Eivissa, me ha dejado perplejo. Todos los que leen mis artículos saben perfectamente que siempre he evitado personalizar y que mis escritos van siempre dirigidos a la Administración y a los organismos que, en teoría, guían nuestro patrimonio y que tienen la obligación de defenderlo. Pero lo del señor Marc Costa me ha dejado perplejo, repito.

Yo que he vivido personalmente aquella remota visita que tres eminentes arquitectos del Consejo de Europa nos hicieron allá por el año 1980 con el objetivo, no solamente de salvaguardar nuestra vieja ciudad, sino de dar las directrices para que se elaborase el posterior Plan Especial de Reforma Interior (PERI) que debía vivificar la vida de este barrio que empezaba a deteriorarse.

¿Qué ha sido de todo aquello? De aquello que, lejos de ser una utopía, tenía que ser una realidad, que debía permitir que casas insalubres, muchas de ellas sin las mínimas condiciones para ser habitables, agrupando algunas de ellas, pudiesen ser habitadas con comodidad por familias normales, pero eso sí, respetando el aspecto exterior, que actualmente se va deteriorando. ¿Qué ha sido de aquella rehabilitación que tenía que servir para que Dalt Vila no se despoblase? Nada de nada. Se ha restaurado algún edificio, algunos de manera discutible, como sedes municipales, administrativas, museísticas.

Lo que sí se ha hecho es crear hoteles, apartamentos turísticos, que es posible que sean una fuente de riqueza para algunos, y quizás para la ciudad y para la isla, pero es seguro que, con sus vehículos, han servido para echarnos fuera a los que vivimos en este barrio.

Se ha querido museizar el barrio y no se ha encontrado ninguna alternativa que trasladar a las afueras de la ciudad un museo viejo, de cien años, que ya ha "cumplido su misión", como se ha dicho. Siguiendo este criterio, Dalt Vila, con sus casas, sus iglesias, su catedral, ya ha cumplido su misión: echémoslo todo abajo y construyamos en su sitio un enorme, vistoso y estrafalario edificio que, por sus vistas espectaculares, seguro que se venderá como rosquillas y será la envidia de media Humanidad.

Pero no se ha querido crear el gran parking en el interior del baluarte de Santa Lucía (en gran parte rellenado de tierra) que los vecinos de Dalt Vila pedíamos y que con entrada-salida por detrás de la Peixateria (sin tocar para nada la muralla) y al lado de la iglesia de San Domingo, hubiera dado vida tanto a La Marina y sa Penya como a Dalt Vila, quitando además los coches de sus calles, pero sin privar a sus vecinos de unas facilidades que ahora no tienen y que son una de las causas de que estos barrios se despueblen.

Y el señor Marc Costa, ¿qué tiene que ver con todo esto? Pues por ser el concejal para el casco antiguo tiene poco y mucho que ver.

Poco, porque esta situación viene arrastrándose desde hace varias décadas, con ayuntamientos de colores diversos y prácticamente ninguno, ni tampoco el actual, han cogido el toro por los cuernos. Y mucho, porque si hacemos un recorrido vemos calles sucias, otras con pavimentos en estado lamentable o mal hecho, caminos de ronda y baluartes que dan asco por falta de aseos, casas varias a las que habría que poner maniquíes de cartón detrás de los cristales para que los turistas que pasan creyesen que están habitadas, fachadas que habría que revocar y pintar, pero pagando el Ayuntamiento, pues embellecerían la ciudad.

Naturalmente nada de todo esto ha dicho en la entrevista del Diario, nada que sea realmente esperanzador para los que vivimos en Dalt Vila, nada sobre este extraordinario yacimiento arqueológico de la calle Juan Román en el corazón mismo de Dalt Vila, que merece ser preservado en su totalidad para ser visitado por turistas e ibicencos para que puedan ver su pasado.

El señor Costa tiene una gran responsabilidad sobre sus espaldas y confío que sea recordado por las cosas que haya hecho en nuestro barrio, un barrio que me niego a abandonar.

 

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