Fernando Bertazioli Riquer - Dos decisiones municipales kafkianas

 

9 de enero de 2008

 

Acabo de leer, en el Diario de Ibiza del pasado día 4, la carta al director de don Juan José Suñer Marí, referente a la supresión de los parkings subterráneos que se tenían que hacer debajo de la escuela de sa Bodega, en la calle Murcia de Vila, carta muy sensata y que apruebo en su totalidad.

Yo, que ya escribí varias veces sobre el aparcamiento debajo del baluarte de Santa Lucía, situado sobre sa Penya y la iglesia de Santo Domingo, en Dalt Vila, y que, por unas razones absurdas y más que discutibles se descartó, creo que ambos proyectos merecen, más bien tienen que ser, aceptados. Para ello tenemos el precedente de Barcelona que cuando se trazó su gran ensanche, con calles rectas y anchas y grandes vías que atravesaban la ciudad, se obligó a que en la mayoría de los edificios se construyesen sótanos con garaje. Y esto pasaba hace más de cien años, cuando no había la invasión imparable de vehículos que tenemos ahora.

Ambos proyectos se tienen que realizar y sería una responsabilidad muy grande que nuestras autoridades cargaran sobre sus espaldas por su rechazo, al ignorar los graves problemas que, cada día más, tenemos que soportar y que nuestros ediles tiene la obligación de solucionar.

Es indispensable que ambos proyectos se realicen.

Es indispensable que se construyan estos aparcamientos y que juntamente con ellos se cree un servicio tupido e ininterrumpido de minibuses que permitan que nuestras calles se vacíen de todos estos vehículos aparcados en la ciudad, que tengan una rotación muy seguida y con unos circuitos adaptados para que los ciudadanos nos sirvamos de ellos, dejando nuestros coches en los aparcamientos para poder servirnos de ellos para nuestras salidas donde no podamos ir con el servicio público que el Ayuntamiento está obligado a ofrecernos.

Es indispensable para ello que se estudien las frecuencias y el importe razonable (lo ideal sería que fuesen gratuitos) de estos minibuses. Pongo por ejemplo el problema que tenemos los que vivimos en Dalt Vila y que el ayuntamiento ha sido incapaz, a pesar de los años transcurridos, de solucionar. Allí va mi problema: para ir de la parada de Vara de Rey hasta el final del trayecto, al lado del Seminario, hay que pagar 1,25 euros (208 pesetas) y con carta de abono 0,75 (124 pesetas) y si eres turista un vergonzoso 2 euros (332 pesetas). Esto es por ser autobús turístico, y de turístico no tiene nada. Y a esto hay que añadirle que pasa cada hora -pero no todos los días de la semana-, servicio interrumpido de 15 a 18 horas con final a las 20 horas. Esto no es un servicio, es un mal simulacro de servicio público y nada más. Esta kafkiana situación se agrava cuando un jubilado podría ir hasta San Antonio, pongamos por caso, sin pagar, pero si coge el "Vilabús" línea 45 en Vara de Rey y se baja en Dalt Vila tendría que pagar 1,25 euros y si en cambio baja en Talamanca o en la calle Ramon Muntaner, no pagará nada.

Si queremos que Eivissa sea una ciudad que no se muera (y aquí pienso sobre todo en los barrios históricos), que sea una ciudad agradable, donde se viva bien, una ciudad humana, creo que ha llegado la hora de que nuestras autoridades, así como sus contrincantes de la oposición, tomen cartas en el asunto, estudien seriamente la solución a los problemas anacrónicos que sufre la ciudad y, repito, serán ellos, y sólo ellos, los responsables de estas decisiones absurdas, ilógicas, kafkianas y que, sin embargo, pagamos con nuestros impuestos

 

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