Fernando Bertazioli Riquer - Lo prometido es deuda

 

20 de julio de 2006

 

Como ya publicó el Diario de Ibiza, el pasado sábado el presidente de la Asociación de Vecinos de Dalt Vila, Luis Llobet, presentó un escrito al Ayuntamiento recordando las promesas que, en varias ocasiones, se hicieron a los vecinos de que no se colocarían en las calles Juan Román y Pedro Tur bancos ni jardineras, que impedirían el estacionamietno de los vehículos y que afearían unas calles que deben mantener todo su carácter.

En estas reuniones, el alcalde, Xico Tarrés; la concejala de Cultura y Patrimonio, Lurdes Costa; el concejal de Obras, Antonio Roldán, y el de Urbanismo, Vicent Torres, se comprometieron a ello ante los numerosos vecinos alarmados por la imposibilidad de estacionar sus vehículos.

Personalmente, estoy por una circulación restringida y regulada. Personalmente, opino que los coches aparcados afean las calles de Dalt Vila. Personalmente, estoy en contra de ciertas afirmaciones de algunos particulares que sólo piensan en su interés personal y partidista. Pero también opino que el Ayuntamiento (no sólo éste, sino también los que le han precedido) ha hecho muy poco, o casi nada, para solucionar este problema, aparte de la línea de microbús, que tiene un horario demasiado espaciado y con un coste demasiado elevado para los usuarios.

Los que hemos estado durante años y años luchando para que Eivissa guardase todo su encanto, los que aplaudimos el informe que hicieron los arquitectos que nos envió al Consejo de Europa y que abrió las puertas para la elaboración del PERI -después PEPRI- de Dalt Vila,que quería una ciudad viva, con familias, con niños jugando por las calles, con tiendas, lejos de la museización que paulatinamente se está llevando a cabo para volcarla exclusivamente hacia el turismo y que está matando a la ciudad.

El Ayuntamiento ha tenido la posibilidad de construir aparcamientos, uno de ellos cerca de mi casa, y ha dejado pasar la oportunidad. Quedan otros, pero no se puede pretender regular el tráfico colocando estos horrendos cubos de granito. Esto además va en contra de lo que dice el PEPRI, y si vemos por doquier flagrantes violaciones del espíritu con que se formuló el citado plan, esto no puede convertirse en una razón añadida para que los que vivimos en este barrio empecemos a estar hartos del sinfín de atropellos que nos ha tocado sufrir. Piensen que las obras de las calles Joan Román y Pedro Tur se empezaron el mes de septiembre y a mediados de julio están aún por terminar. Desde el mes de noviembre tuvimos que dejar la casa debido al aislamiento en que nos hallábamos, a las enormes zanjas, montones de grava, escombros, alcantarillas y fosas descubiertas, a la enorme dificultad para entrar en nuestra casa, tanto para mi esposa como para mí (somos octogenarios). Y después de más de ocho meses de ausencia, con los numerosos gastos y molestias que esto acarreaba, al regreso a casa nos encontramos con la gota que colma el vaso: que el Ayuntamiento, sin respetar lo prometido, con estos mamotretos de granito que quiere instalar en la calle, nos obsequia con un impedimento para que no podamos vivir en Dalt Vila.

El Ayuntamiento, que en varias ocasiones ha solicitado la colaboración ciudadana y en este caso concreto ha prometido respetar esta colaboración, debe cumplir su promesa y no colocar en las mencionadas calles los cubos de granito. Lo prometido es deuda.

 

Fernando Bertazioli Riquer...

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