Fernando Bertazioli Riquer  -  Las obras del Castillo

 

Diario de Ibiza,  30 de agosto de 2010

 

Después de haber leído el artículo del arquitecto Salvador Roig Planells del jueves 19 de agosto y, también en el Diario de Ibiza, el sábado 21, dos cartas al director, sobre las obras en el Castillo de Vila, paso a opinar sobre el tema.

Puede que no nos guste la transformación de la silueta de la acrópolis de la ciudad, pero, como muy acertadamente dice una de las dos cartas, ¿por qué no se protestó antes?

El hecho es que de esta ruina bochornosa, en que se había transformado el Castillo, ahora tendremos un Parador de Turismo que, según parece, será el mejor de España.

¿Que la silueta de Dalt Vila ahora no nos gusta? No olvidemos que había el Hospital Viejo, situado entre el convento de las monjas de clausura y el Castillo, bordeando la muralla por la Ronda Calvi, con unas vistas impresionantes sobre el Puig d'es Molins, ses Figueretes, Platja d'en Bossa, Sant Jordi, etc... ¿Qué ha sido de él?

No olvidemos tampoco el antiguo cementerio, seguramente el primer cementerio cristiano de la ciudad, que hace quince o veinte años era el vivero (de plantas) municipal, es decir, que era de propiedad municipal igual que el Hospital Viejo. Estaba en la calle Soledad, la que se inicia junto al palacio episcopal y situado entre esta calle, el Hospital Viejo y la muralla norte del Castillo. La casi totalidad de ese solar era el nexo entre el Castillo y el Hospital Viejo. Otra vez pregunto: ¿qué ha sido de él?

Naturalmente que se hubiera podido hacer otra cosa, y creo recordar que el arquitecto Carlos Clemente hizo alguna propuesta juntando los tres elementos: Castillo, vivero (antiguo cementerio) y Hospital Viejo. No todo el mundo tuvo esta visión y... el tiempo pasó. Se hicieron escrituras y el Castillo solitario se desmoronó un poco más.

Ahora, por fin, vemos que la mayor vergüenza de Vila se transforma en el orgullo no solamente de la ciudad, sino de la isla entera. Con toda honradez, no creo que lo que debemos hacer ahora sea criticar una obra que durante decenios hemos reclamado los habitantes y vecinos de Dalt Vila y que estamos seguros de que será la catarsis que necesitábamos.

Los que nacimos, crecimos o vivimos en Dalt Vila no podemos permanecer indiferentes hacia lo que se hace en ella ni tampoco hacia lo que no se hace, desgraciadamente.

Nosotros los vecinos hemos dado infinidad de ideas, sugerencias, proyectos... y nos hubiera gustado tener un respaldo de los que se callaron y que, cuando por fin dicen algo, ya es demasiado tarde porque ya no tiene sentido, ningún valor.

 

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