Fernando Bertazioli Riquer - Obras en Dalt Vila

 

27 de julio de 2005

 

Después de observar los numerosos barcos que iban o venían de Formentera desde el mirador del Ayuntamiento, con una de las vistas más bonitas que aún nos quedan, mis pasos me llevaron hacia el baluarte de Santa Lucía, donde tenía la doble visión de los tejados que, por su estado, son una pena penita verlos, y por otro lado Dalt Vila, coronada por la catedral y lo que queda del castillo.

Cuál no fue mi sorpresa, y aquí no repetiré lo de pena, penita, pena, sino que gritaré mi indignación por lo que he visto que acaban de hacer, o deshacer, en la torre 14 del antiguo recinto medieval, o sea la primera que hay a la izquierda del mirador, en el lienzo que va hacia la Portella.

Esta torre, que hace varias décadas fue coronada por una serie de absurdas almenas, había sido incorporada a dependencias del Museo Arqueológico. Con muy buen criterio, las almenas han sido suprimidas, pero donde mi grito va hasta el cielo, confiando en que no llegue hasta el juzgado, es que en el muro medieval que mira hacia la Marina se ha hecho una gran abertura que será un balcón, ventanal o lo que sea, pero de todas formas absolutamente incompatible con el torreón de defensa que fue antes de 1554 y actualmente en una muralla medieval que está obligatoriamente protegida por la Ley del Patrimonio.

Aquí parecería que se ha querido imitar lo que se hizo en un torreón cercano, pero esto no lo justifica en absoluto, pues si se quería iluminar con luz natural este nuevo espacio creado, hubiera bastado hacer una claraboya cenital en el forjado de cubierta, que antes no tenía, y no cargarse la torre como se ha hecho.

No sé quiénes son los responsables de este lamentable atropello, pero creo que si las entidades que tienen la obligación de velar por nuestro patrimonio actúan, o dan su consentimiento, a semejante barbaridad, difícilmente se podrá exigir a simples particulares el respeto a la herencia que nos dejaron nuestros antepasados.

Referente a los trabajos que se hacen en la Casa de la Curia, yo ya había escrito sobre la demolición del único arco que quedaba de la lonja porticada que había en el mirador y que J. B. Calvi dibujó en 1555, que Antonio Costa plasmó en su libro "La triple muralla de la Ibiza árabe" en 1962 y que figura en el plano de Juan Ballester de 1752, plano que se halla en la cubierta del libro "La Real Fuerza de Ibiza" (1993), de Eduardo J. Posadas, a quien yo facilité el negativo que obtuve en el Archivo de Simancas.

Olímpicamente se destruyó ese arco que, por mediciones que hice, deduciendo los pilares de sustento, venían a buscar la fachada lateral, donde quedan las trazas de lo que hoy es el Museo Arqueológico. Ahora se ha roto parte de un muro medieval para hacer un ventanal, y mañana ¿qué será? Pues mañana, a lo mejor, se le pondrán unas lamparitas de azul chillón, de fuerte inspiración kitsch, o cursi si prefiere, como las que adornan por la noche los ventanales del campanario de la catedral, y nos tendremos que sentir orgullosos de que personas «altamente cualificadas» estén destrozando lo poco que nos queda.

No tenemos que olvidar el extraordinario valor turístico que tiene en la actualidad una correcta conservación de nuestro patrimonio, y es indiscutible que se olvida.

 

Fernando Bertazioli Riquer...

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