Fernando Bertazioli Riquer - ¿Se caerá la muralla?

 

7 de febrero de 2006

 

Últimamente la Asociación de Vecinos de Dalt Vila ha presentado un escrito al Ayuntamiento donde alerta del peligro que representa el oleaje que, debido a la construcción del dique del Botafoc, se concentra al pie del acantilado sobre el que está construido el antiguo convento, la iglesia y el lienzo Este del baluarte de Santa Lucía. También en el "Diario de Ibiza" pudimos leer esta preocupación.

Es una preocupación que viene de lejos. Antes de la reforma que hizo el fallecido alcalde don Adolfo Villalonga, se podían ver en varios sitios del Ayuntamiento numerosas grietas, a las que se habían puesto unos testigos de yeso, para ver si éstas continuaban creciendo. En la escalera que une al desnivel de las dos zonas empedradas (ahora), detrás del Ayuntamiento y de la Iglesia, hay una enorme grieta que cada día se hace mayor. Esto demuestra fehacientemente que toda esta zona construida sobre un acantilado, que tiene buenas capas intermedias de arcilla, tiene el peligro de desmoronarse, cosa que ya pasó, hace unos cuantos lustros, en el acantilado de Sa Penya; creo recordar que aparecieron fotos del derrumbe en el "Diario".

Ahora bien, si cogemos el barco para ir a Formentera (no todo el mundo tiene la posibilidad de tener uno) veremos que el lateral Este del baluarte de Santa Lucía está sentado al borde mismo de este acantilado. Yo dudo muchísimo que El Fratín, que resolvió de una manera magistral el inicial y reducido recinto amurallado, que había trazado Juan Bautista Calvi, construyese esta ampliación al mismo borde del acantilado. Para su construcción se necesitaba espacio para depositar las piedras, para labrarlas, para hacer la argamasa, para hacer los andamiajes. Para ello hubiera podido muy bien desplazar la orientación de este lienzo para ir a buscar el ángulo, hermosísimo ángulo, que forma con el lienzo norte, coronado por la caseta, y que domina el barrio de Sa Penya. No. Cuando El Fratín y los hermanos Paleazzo construyeron este trozo de muralla, la costa no podía estar donde actualmente está, hubiera sido indigno que hicieran una chapuza igual. El acantilado se ha ido derrumbando por la doble acción del oleaje, en la base, y por la infiltración de las aguas pluviales, por la parte superior. Nosotros que vivimos en una isla podemos ver en numerosos sitios la enorme fuerza destructora del mar, pero si no podemos impedirlo en ciertos sitios, creo que es una obligación imperiosa que tiene la Administración, sea local, regional o nacional, preservar este patrimonio que, por añadidura, es ahora de la Humanidad.

Ya cuando Carlos Clemente, el arquitecto que redactó el Pepri de Dalt Vila hará unas dos décadas, se planteó este problema, proyectó un cosido, con unas perforaciones horizontales que eran una técnica japonesa, creo recordar.

De aquello no se hizo nada. De proteger la ribera de este acantilado con una escollera y, por ende, cubrirla en parte con un paseo peatonal, así como una playa debajo de Sa Penya, no se hizo nada, nada de nada: que si esto es municipal, que si depende de Costas, que si depende de la Autoridad Portuaria. Y mientras tanto, ajeno a estos problemas burocráticos o administrativos, un buen día, (funesto día, mejor dicho, perderemos en el mar una buena parte de nuestro patrimonio, para vergüenza de los que tienen la responsabilidad de preservarlo, que no lo hicieron y que no lo hacen.

Según he oído, parecería que este tramo de costa depende de la Autoridad Portuaria y sería el momento adecuado, ahora que se mantienen conversaciones con el Ayuntamiento para la construcción de los muelles que se quieren hacer en el Botafoc, que nuestro alcalde pusiese en la balanza de la discusión este grave, imperioso, urgentísimo problema que representa para la ciudad de Eivissa el posible derrumbe del acantilado y la pérdida irremediable de parte de su patrimonio

 

Fernando Bertazioli Riquer...

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