José María Carreras Ruiz - El tabaquismo y la realidad de Eivissa

 

Junio de 2008

 

El pasado 30 de mayo de 2008 se celebró, tal vez con más pena que gloria, el "Día Mundial Sin Humo" o "Día del Tabaco", como también se ha venido llamando, demostrando una ignorancia semántica digna de verdaderos campeones de la imprevisión.

Durante tres días de esa semana y desde la humildad y sencillez que supone la falta de medios, y sin pretender que nuestra actividad sea considerada como "prepotente trabajo de Epidemiología", ya que luego vienen los eruditos y los dominadores de información desde sus púlpitos de oro y brocal de seda y nos hunden con sus conceptos abstractos y poco inteligibles, consiguiendo una tasa de aburrimiento general digna de mención. Pues bien, en nuestro Centro de San Antonio, realizamos una encuesta a la población a fin de conocer el grado de adicción al tabaco, las edades de comienzo a fumar y, entre otras cosas, el nivel de monóxido de carbono en la sangre por inhalación de humo de tabaco.

Los datos obtenidos en la encuesta, tal vez no sean extrapolables al conjunto de la población de San Antonio, pero se asemejan a la realidad de manera suficiente como para poder realizar un primer acercamiento a la situación. Los datos espeluznantes obtenidos son éstos:

El promedio de los habitantes varones de San Antonio fuma 12 cigarrillos al día, las mujeres casi 16 unidades por día.

Los hombres empezaron a fumar a los 19 años, mientras que las mujeres, más precoces, comenzaron a los 17 años, pero un 4% de ellas comenzó a fumar antes de los 14 años.

Un 19 por ciento de los hombres y un 7 por ciento de las mujeres fuman tabaco negro.

Los datos peores son: el promedio nivel de monóxido de carbono en sangre en los hombres es superior al 9%, pero en las mujeres alcanza el 12%.

El 35% de los hombres se ha planteado dejar de fumar, mientras que en las mujeres el abandono del tabaco sólo preocupa al 23%, pero, al contrario, el 65 % de los hombres y el 77% de las mujeres no se han planteado jamás dejar de fumar.

Las mujeres mayores de 40 años tienen un índice de CO en sangre superior al 20 mientras que, en los varones, el índice más alto, 15, corresponde a los fumadores de 40 años, pero a los 26 años ya marcan un 11 de índice de CO.

Parece ser que los varones mayores de 50 años están más concienciados, quizás ya tengan algún tipo de patología, y su índice de CO baja al 8.8.

Se podrían sacar más datos, estandarizando por edades, y por diferentes variables, pero tampoco pretendemos cansar a los lectores, y mientras pedimos disculpas a los verdaderos epidemiólogos, que tal vez leerán y se reirán con sorna e ironía de este trabajo (pero a los que también debemos decirles que por qué, si son tan buenos, no lo han hecho ellos antes), querríamos sacar en conclusión dos avisos a nuestras autoridades, tanto políticas como gestoras de la sanidad: señores, tenemos un problema.

Y es que lo más indicado será instalar en nuestro nuevo hospital de Ibiza un servicio de Radioterapia, Medicina Nuclear o lo que haga falta, ya que no es necesario hacer muchos estudios o cábalas para ver que en 10 ó 15 años la tasa de procesos oncológicos provocados o derivados del tabaco será importante en Ibiza, pues esos porcentajes de hombres y mujeres que no se han planteado dejar de fumar engordarán las listas de procesos de cáncer en nuestra isla.

¿Alarmismo sin venir al caso? No. Tenemos una ley que regula los espacios para fumar, y nadie le hace caso, y vemos a niños menores de catorce años convirtiéndose en fumadores pasivos, tragando el humo de sus padres en cualquiera de los bares y restaurantes de la isla, y vemos también que nuestra población no está por la labor y el sacrificio que comporta dejar de fumar, pero que justificamos celebrando una vez al año con globitos, payasos y caramelitos el día mundial sin humo. Y eso no sirve para nada. Altadis, Philip Morris y las demás multinacionales deben celebrar al mismo momento el "día del incauto futuro cadáver que nos deja una fortuna".

La administración política debe tomar cartas en el asunto y comprender de una vez que la ley no es una prohibición, sino un acto de protección de la salud de la comunidad y pasar a elaborar normas restrictivas del humo. Lo normal en el hombre es respirar oxígeno, lo otro es pura y dura porquería.

La Administración sanitaria, con sus gestores, debería involucrarse en esta patología e invertir los recursos tanto humanos como económicos necesarios para conseguir una efectiva deshabituación tabáquica. Pero, claro, si somos incapaces de hacer cumplir una ley, también podemos pensar que a nuestra Administración sanitaria tampoco le importa la prevención y está más por la labor de la curación, desoyendo las estrategias más recientes lanzadas por la Organización Mundial de la Salud y por diferentes instituciones de carácter internacional sobre este asunto.

Mientras, posterga a sus profesionales a labores puramente monótonas, dilapidando conocimientos, experiencias y voluntades, uniformando actuaciones no siempre bien justificadas en criterios de salud, dejando escapar un tiempo precioso que podría ser utilizado en prevenir casos futuros de cáncer.

En fin, así estamos, dando globitos y cambiando caramelos por cigarros una vez al año, y el resto del tiempo fomentando y facilitando el uso, consumo y abuso del tabaco. Menos mal que Spiderman no fuma.

 

José María Carreras Ruiz...

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