Catalina Torres Roig - Hasta cuándo

 

Texto original en ibicenco

 

(Traducción castellana de Juan Manuel Grijalvo)

 

Ibiza, julio de 2006

 

Comienzo a escribir en el hospital Can Misses mientras esperamos una ambulancia que nos devuelva a casa. Últimamente me paso muchas horas esperando, esperando en las consultas, esperando pruebas, esperando... Esperando, siempre con la confianza de encontrar solución a los problemas, pero la realidad es cruda y las dificultades aumentan en vez de disminuir.

La gracia de todas estas esperas (si es que la tiene) es que puedes leer, hojear el diario, observar a la gente, chismorrear con el compañero de al lado, hasta echar una cabezadita si vas rendida de sueño. Hace unos momentos me he divertido un poco escuchando a una pandilla que bajaba las escaleras hablando de peludos, de pelones y de ibicencos. Se reían. Recordaban los viejos tiempos. Han comenzado a hablar del pelo ("el pelo es honra y el que no lo quiere se lo tumba"; "donde hay pelo hay alegría"; "peludo por fuera pelado por dentro", "levanta la pierna y tírate dentro, ¿qué es?"...) y han acabado iniciando una conversación sobre el ser o no ser ibicenco. Me han hecho recordar el programa de TV3, "30 minuts", dedicado a Ibiza; me gustó.

Sobre el tema de los peludos no tengo nada que decir, hoy en día, ir peludo o pelado no tiene ninguna importancia, más bien son historias del siglo pasado que sólo provocan hilaridad y algún recuerdo. El concepto de ser o no ser ibicenco sí que lo encuentro de lo más interesante. ¿Qué quiere decir ser ibicenco? ¿Quién lo es? ¿Hay grados? ¿Cómo lo medimos? ¿Con qué? ¿Cómo demostramos que lo somos...? ¿Con una partida de nacimiento? ¿Con el DNI? ¿Con un análisis de sangre? ¿Con un certificado de residencia? ¿Luchando por Ibiza? ¿Cómo luchamos? ¿Qué hacemos? ¿Negocios? ¿Manifestaciones?... y podríamos seguir y seguir... dar la vuelta y volver. ¿Quiénes son más ibicencos, los "forasters" que viven y trabajan aquí, que hablan nuestra lengua, que aman la isla y luchan por conservarla... o los ibicencos que la destruyen por llenarse los bolsillos? El grupo ha marchado de la misma forma que había llegado, hablando y riendo; después he oído no sé qué sobre "vedettes", pero no lo he entendido bien.

Ya llevamos una hora esperando, he protestado dos veces, pero nada, ni rastro de ninguna ambulancia. Que quede muy claro, antes de que alguien lo pueda pensar, que no me quejo de las personas que trabajan aquí. De hecho, nos tratan muy bien y las admiro por lo que hacen (es increíble cómo algunos aguantan turnos de 24 horas y corren de un lado a otro atendiendo a los enfermos, yo no lo podría hacer). Mi indignación, rabia y desprecio van dirigidos contra los responsables de la falta de recursos materiales y humanos para atender a todas las personas de una manera digna.

¡Por fin llega la ambulancia!

Ya en casa, hago cálculos: 80 minutos de espera + 4 minutos de trayecto pasando por los nuevos accesos a Puig d'en Valls, igual a 84 minutos en total; 6 minutos por los accesos antiguos + 10 minutos de espera si hubiera suficientes ambulancias sumarían 16 minutos. La diferencia es abismal, más de una hora. Me siendo como aquel que dicen que fue a comprar, y le bajaron los calzones y le subieron la camisa. Ciertamente, los ibicencos nos hemos quedado con el culo (con perdón) al aire, endeudados y sin tener los servicios realmente importantes cubiertos (educación, sanidad, bienestar social). Eso sí, pasaremos por unas autovías cojonudas, feas y supercaras (además de todo el sufrimiento que suponen, de difícil medida).

Mi padre es viejo y está enfermo, tengo en la mano un informe médico que dice que necesitamos apoyo para poder atenderlo mejor (trabajadora social, teleasistencia...). La persona que nos gestiona el papeleo en los servicios sociales de Puig d'en Valls está de vacaciones (tiene todo el derecho del mundo a tenerlas, pero nadie la sustituye). Me han comentado que hemos de esperar (¡otra vez la palabrita!) que vuelva, y que después ha de quedar libre una de las trabajadoras (vuelta a esperar). ¿Es una manera de decir que se ha de morir una persona para que nosotros podamos ser atendidos? ¡Qué triste! Mientras tanto, cada mes nos descuentan unos dineros de la nómina que en teoría nos deberían permitir gozar de unas prestaciones que no tenemos, y que debemos volver a pagar si las queremos (si encontramos alguna persona interesada, porque éste es otro tema). Patético. Alguien está administrando muy mal mis dineros, como mínimo no lo hace de la manera que yo querría, y si fuese un banco ya les habría cancelado mi cuenta.

Llegada a este punto, y como parece que estaremos hipotecados durante treinta años más, me pone la carne de gallina pensar qué pasará con mi generación cuando tengamos la edad de nuestros padres. De entrada ya les digo que no quiero la ensaimada y la botella de vino dulce que cada año regalan a los viejos (a los de Santa Eulària, en los otros municipios no lo sé). Cuando tienes problemas graves, un poco de azúcar y de alcohol no te solucionan nada, y para comprar mi voto es demasiado poca cosa.

 

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