Reproduzco a continuación un mensaje de Eugenio
Bellido
dirigido a Clásicos Populares
Srs. Araceli y Fernando:
Llevo muchos años disfrutando a diario con Uds. y con el programa "Clásicos
Populares" y me siento ya éticamente obligado conmigo mismo a expresar
mi profundo agradecimiento por tantos y tan magníficos ratos pasados
con Uds. Agradecido, pues, a dos excelentes profesionales y a su programa.
Si continúan leyendo esta carta verán algo que no les gusta demasiado.
Terminen ahora y reciban mi afectuoso saludo.
Araceli y Fernando, conozco que no son amigos de elogios y no pienso enviárselos;
en primer lugar por el gran respeto que se merecen y yo soy un desconocido para
Uds. que no tengo porqué violentar sus gustos; en segunda razón,
porque Uds. no precisan de mis elogios para tener la categoría profesional
que tienen ni para hacer, y seguir haciendo, el magnífico programa que
hacen. Tan sólo trato, ahora, de expresar hacia el exterior (a Uds.,
por quienes los tengo) una parte de mis pensamientos y de mis sentimientos de
cada día al escuchar el programa. Me siento personalmente ingrato si
no llegara a hacerlo alguna vez.
Mis conocimientos de música son nulos en cualquiera de sus aspectos técnicos,
históricos, etc. pero tengo una alta capacidad para sentir muy profundamente
y admirar la música armoniosa y melodiosa (la que es opuesta a la dodecafónica,
por ejemplo, que no tengo paciencia para ella). Pues bien, aunque la música
que ponen en el programa me parece excelente por sí misma, y seguro que
son pocos los tarugos que quedarían sin sentirla, Uds. tienen en sus
comentarios la particular capacidad para predisponerme a disfrutarla y para
rematar, confirmar, compartir y alargar lo que ya he disfrutado. Voy a ponerles
un ejemplo. Entre ambos presentan el movimiento tal de la sinfonía cual,
opus equis, del autor perenganito; Fernando, en ella, introduce algún
comentario anecdótico sobre la obra, autor, interprete, etc. con algún
simpático matiz o con una manifiesta exageración; a continuación,
Araceli corrobora y completa el comentario pero introduce de alguna manera su
magnífica sonrisa o, a veces, su atrayente, relajante y cómplice
risa ante el esperpento de Fernando. Empieza la música y, después
de disfrutar con ella, termina con uno de vuestros típicos desvanecimientos,
un pequeño silencio y ...¡qué maravillaaaaaaa...! suave,
profundo e increscente de ambos. Y ahora Fernando, reponiéndose del (¿sublime?)
momento musical y ya con voz fuerte comenta lo anterior o comienza un nuevo
tema.
¿Qué clase de complicidad se necesita para hacer entre dos personas
algo tan coordinado y tan agradable como es vuestro programa?. ¿Qué
clase de gusto, regusto, disfrute y amor se necesita tener sobre la música
y sobre sus circunstancias para que Uds. sean capaces de mostrarlo tanto y tan
fácilmente? ¿Qué clase de profesionalidad es precisa para
que cada día resulten nuevos, sorprendentes, descubridores, admirables,
cercanos y comprensibles sus respectivos conocimientos sobre música,
músicos y sus etc..? ¿Qué clase de altura intelectual es
preciso tener para conocer, interpretar, resumir, concluir y presentar con amor,
sin orgullo, sin pedantería, sin petulancia a la Música Clásica
como yo lo vivo con vuestro programa? ¿Acaso hay algo "especial"
en los genes de Fernando? ¿Acaso en Araceli la frescura y la admirable
ingenuidad de su forma de hablar son ajenas e incontaminables por el paso del
tiempo y la dejadez profesional que podría conllevar sus muchas horas
y años, mañana y tarde, ante un micrófono?
No soy quién para animarles a que sigan haciendo el programa tal como
lo hacen porque yo disfruto con ello. Uds. harán lo que puedan hacer
y yo trataré de no perderles la pista deseando encontrar tanta satisfacción
como hasta ahora. En cualquier caso, mi capacidad de admiración y de
sentirme especialmente a gusto con Uds. ya están más que cubiertas
y, en consecuencia pues, les estoy muy agradecido por lo vivido y siempre les
estaré agradecido por la "frescura e ingenuidad" que añadiré
en el futuro. Saludos y hasta siempre.
Les pido disculpas si en algo les he producido una molestia que ha debido de
escaparse porque no era mi intención. No soy amigo ni propenso ni a elogiar
ni a que me elogien; no tomen con tal sentido esta carta. En todo caso les advertí
de que no les gustaría.
(direción email pendiente)
Clásicos Populares cumple 27 años...