Pedro A. Echarte - Jordi Savall

 

Ultima Hora Ibiza. - Artículo Nº : 111 Fecha de publicación : 21-03-2000

 

¡Inolvidable! Con casi religioso fervor y recogimiento el numeroso público que llenó el auditorio de Can Ventosa el sábado 18 se bebió nota a nota el elixir que nos destiló el maestro de la séptima cuerda. Jordi Savall nos deslumbró con el apabullante dominio que posee sobre su instrumento, nos deleitó con la extraordinaria belleza de su sonido, nos emocionó hasta la médula con la profunda expresión de sus interpretaciones, nos condujo hasta ese lindero donde la experiencia estética se acerca a la experiencia mística, tal como los místicos han intentado comunicárnosla.

El maestro se sirvió de un bello instrumento inglés (un bajo de viola) de 1697, modificado para poder incorporarle una séptima cuerda, ya que las violas renacentistas tuvieron siempre seis; se acredita a Mr. de Sainte Colombe esta innovación, que sus discípulos franceses adoptaron, mientras que las seis cuerdas siguieron siendo norma en el resto de Europa. Estas y otras interesantísimas precisiones sobre el repertorio fueron ofrecidas con sencillez y comunicatividad por el artista (que hasta hizo humor sobre su difícil arte) mientras su instrumento se estabilizaba después de los cambios de afinación (scordaturas) exigidos por algunas obras. Creo que es un rasgo a destacar, pues pone en relieve su propósito de «servir» la música, de acercarla al público, acercándose él mismo con ese gesto, admirable viniendo de un artista de tal talla.


El programa ofrecido fue sumamente variado, tanto en lo que a escuelas como a «humores» expresivos se refiere. De la escuela francesa (la de las siete cuerdas) tuvimos obras de Monsieur de Sainte Colombe, «le pére» y «le fiís», de Marin Marais (discípulo del primero) y de Sieur Demachy, todos del siglo XVII. La música alemana estuvo representada por Johannes Schenck (hacia 1660-h.l712), por Johann Sebastian Bach y por Carl Friedrich Abel (1723-1787), quien fue, en Londres, uno de los últimos virtuosos de la viola de gamba, que caería luego en el olvido hasta que el historicismo de nuestro tiempo operara su resurrección. En la segunda parte del recital Savall nos brindó música inglesa de la era isabelina: del «Captaine» Tobías Hume (h. 1569-1645), de Alfonso Ferrabosco (h.1578-1628), hijo del músico italiano homónimo) Thomas Ford (muerto en 1648) y del editor John Playford (1623-1686), además de alguna pieza anónima. Con dos obras de Marin Marais recompensó el maestro el entusiasta fervor del público: "Musette" y "Les voix humaines"; esta última fue para mí la más bella interpretación de un recital que (como lo expresé ya en el inicio de este artículo) quedará en nuestro recuerdo como una experiencia musical inolvidable.

 

La página principal de Pedro A. Echarte...

Música clásica en Eivissa...