Pedro A. Echarte - Festival Clásico (II)

 

Ultima Hora Ibiza - Artículo Nº : 149 - Fecha de publicación : 10-10-2000

 

El Festival «Formentera i Eivissa Clàssiques» programó en su segunda jomada ibicenca un concierto de órgano que tuvo lugar el viernes 6 en la Iglesia de Santo Domingo y estuvo a cargo de Adolfo Villalonga. Aparte de una obra del propio organista, quien además comenzó con una improvisación, reanudando así con una venerable tradición, solo hubo música de la España barroca en el atril del instrumento del Convent, con especial énfasis en la de Sebastián Aguilera de Heredia y la gran escuela organística zaragozana. Tanto Aguilera como Clavijo del Castillo (de quien escuchamos la única obra para tecla conservada) representan la transición entre renacimiento y barroco, mientras que José Ximénez y Andrés de Sola, sucesores de Aguilera en La Seo de Zaragoza, así como Pablo Bruna (el ciego de Daroca) y el valenciano Joan Cabanilles, constituyen lo más granado de la escuela barroca hispana (sólo faltó Correa de Arauxo, entre los grandes nombres).

Creo que hay que comenzar felicitando a Villalonga por su programa; más de una vez he recalcado el interés del instrumento del Convent (el único «histórico» entre nuestros órganos) para la interpretación del gran repertorio barroco español, concebido para instrumentos de estas características. Era hora ya que un instrumentista osara un tal programa, en cierta medida monográfico, con trece obras de ese repertorio (seis de las cuales del gran Aguilera). Es de lamentar que la restauración del órgano no haya sido llevada completamente a término y que éste todavía no esté en perfectas condiciones. Sea cuales fueren los desajustes y problemas que aún afectan al instrumento, se adivina que Villalonga se ha tomado el tiempo de conocerlo en profundidad y de aprender a sacarle el mejor partido posible. Fue para mí un redescubrimiento de todas sus riquezas; el instrumentista ibicenco mostró no solo gran imaginación en la elección, mezcla y sucesión de los registros, sino una gran claridad en la articulación, el otro pilar de la ejecución e interpretación organística.

Especialmente dignas de mención me parecieron las interpretaciones de la "Passacaille" de Cabanilles y los dos "Tientos de medio registro de bajo", uno de Aguilera, de Bruna el otro. Pero en realidad pienso que cada una de las obras se nos mostró no sólo por lo que «per se» representa, sino que permitió conocer y apreciar otro perfil sonoro de un único instrumento. ¡Estupendo!

En cuanto a la pieza en homenaje a Aguilera de Heredia... creo que Villalonga tuvo la mirada tan fija en el siglo XVII que olvidó que estamos al filo del XXI; un homenaje a un maestro del pasado no tiene por qué implicar una anulación de la historia y del sentido de la flecha del tiempo.

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