PEDRO A. ECHARTE - Verdi : Va pensiero...

 

Ultima Hora Ibiza - Artículo Nº : 178 - Fecha de publicación : 27-01-2001

 

En la noche del 9 de marzo de 1842 se estrenaba en la Scala de Milán "Nabuccodonosor", una ópera de un desconocido compositor de veintiocho años de edad: los desdichados hebreos en su exilio babilónico lanzan nostálgicos su pensamiento en pos de la patria perdida... «o mia patria, si bella e perduta»... y todos los oyentes en aquella Lombardía bajo dominación austríaca hacen suyas las palabras de aquel coro "Va pensiero"... el «Risorgimento» y las revoluciones de 1848 son como una respuesta a aquel llamado, y en los muros de toda aquella península tan consciente de una identidad nunca plasmada en nación podrá pronto leerse el nombre de aquel músico: «Viva Verdi», escondiendo el patriótico acróstico «Vittorio Emmanuele Re d'Italia».


En casi todas las obras que siguen a "Nabucco" durante esta década de los cuarenta late el llamado al despertar de la «patria italiana»: "Ernani", "I Lombardi", "Attila", "Macbeth", "La battaglia di Legnano", etc. Como escribiera Luigi Dallapiccola, el «Fenómeno Verdi» es incomprensible sin el «Risorgimento».


En la década de los cincuenta llegan los triunfos que dieron a aquel músico nacido en el humildísimo hogar de unos padres analfabetos la fama y la riqueza: "Rigoletto", "II trovatore", "La traviata", "Un bailo in maschera"; en los sesenta las obras maestras de su madurez: "La forza del deslino" y "Don Carlo".


"Aida" es estrenada en El Cairo el 24 de diciembre de 1871 para la inauguración oficial del Cana de Suez... después del estreno milanés, en la cúspide de la gloria, el Maestro anuncia su retiro: algunas semanas antes Roma había al fin sido declarada capital del Reino de Italia, culminando el proceso de unificación de su patria al que con tanto ardor se había entregado y al que su actividad creadora parecía indisolublemente ligada.


En su finca de Sant' Agata el viejo operista, en compañía de Giuseppina Strepponi, se ocupa de sus huertos... pero la Musa vendrá aún a buscarle en su retiro y la muerte del poeta Alessandro Manzoni le arrancará su "Requiem". Su amigo Arrigo Boito, culto compositor, le introdujo en aquella «música tedesca» que tan poco conocía y se convertió en el excelente libretista que, adaptando a Shakespeare, le indujo a sus postreras óperas: "Otello" y "Falstaff".


En 1897 muere Giuseppina y el músico abandona Sant' Agata y se establece en el Grand Hotel que había sido su habitual residencia en Milán. La muerte le llega el 27 de enero de 1901; el 28 de febrero sus restos, junto a los de Giuseppina, son instalados en la «Casa di Reposo» que había fundado para ancianos músicos sin recursos: docenas de miles de gargantas entonaron el "Va pensiero" mientras le acompañaban a su última morada; pero hacía décadas que su morada verdadera era la gloria: aún hoy su nombre es para muchos casi un sinónimo de ópera.

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