PEDRO A. ECHARTE - Iannis Xenakis, el último pitagórico
Ultima Hora Ibiza - Artículo Nº : 181 - Fecha de publicación
: 07-02-2001
Uno de los compositores incontestablemente más significativos de la segunda
mitad del siglo XX, Iannis Xenakis, falleció el pasado día 4 en
París. «Partisano» de la resistencia griega, arquitecto,
matemático, compositor... ¿Quién era este «uomo universale»,
este pitagórico de la era del ordenador y la mecánica cuántica?
Nacido en Braila (Rumania) el 23 de mayo de 1922 en el seno de una familia griega,
retorna con ella a Atenas en 1932. Estudios en la Escuela Politécnica
interrumpidos por la guerra. Resistente al nazismo, es gravemente herido en
1945, pierde un ojo y una gran cicatriz marcará a vida su rostro. Guerrillero
comunista, es capturado y condenado a muerte; logra evitar la condena y llega
en 1947 a Francia, cuya nacionalidad adoptará más tarde. Durante
doce años colabora con Le Corbusier (Pabellón Philips en Bruselas,
entre otros). Olivier Messiaen y Hermann Scherchen son sus consejeros y valedores
en el campo musical, donde es esencialmente un autodidacta.
En 1954 el escándalo acompaña el estreno de "Metástasis" en Donnaueschingen: la música «estocástica» ha nacido. "Pithoprakta" (1956), "ST/48" (1962), "Eonta" (1964), "Nuits" (1968), "Antikhton" (1971), "Bohor" (1974), "Khoai" (1976), "Jonchaies" (1977), "Dikthas" (1979), "Tetras" (1983), "Thallein" (1984), "Akea" (1986), "Tetora" (1990), "Ioolkos" (1996)... son sólo algunas de las etapas de una actividad creativa proseguida con gran rigor y sin ningún tipo de concesiones.
Música de difícil aproximación, sin duda, que tal vez nunca
llegue a ser muy popular (tampoco lo son Schönberg o Webern, desaparecidos
hace medio siglo), pero de una impresionante coherencia conceptual y de altísimo
voltaje expresivo. «Todo es número», era el lema de los antiguos
pitagóricos, que descubrieron los intervalos musicales y los pusieron
en relación con el orden cósmico... ese es el camino que Xenakis
ha profundizado, armado de las actuales herramientas matemáticas, para
poner en relación la complejidad de los sistemas físicos con la
aún mayor complejidad de la mente humana.
Pero sus «cúmulos» y «galaxias» sonoras son cualquier
cosa menos expresivamente áridas: son un verdadero antídoto contra
la banalidad enlatada que nos circunda, las manzanas doradas arduamente conquistadas
de un nuevo Jardín de las Hespérides, un puente echado en el camino
de Prometeo hacia el fuego sagrado.
Llevo casi cuarenta años admirando el crecimiento de esa obra radical
lanzada hacia las fronteras del pensamiento; he querido hoy comunicar esa profunda
admiración como homenaje y adiós a un creador esencial de nuestro
tiempo.
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