Ultima Hora Ibiza - Artículo Nº : 415 - Fecha de publicación
: 08-06-04
Con su séptimo concierto nuestra Simfònica
ha mostrado bien a las claras que su etapa de rodaje ha producido ya un
tangible resultado de afianzamiento y maduración: nuestro organismo
sinfónico posee un sonido y unas posibilidades interpretativas
que han hecho sus pruebas. El repertorio se ha mantenido en toda esta
etapa dentro del clasicismo y, si exceptuamos una "Sinfonieta"
de Villalonga y la velada de valses para despedir el año 2003,
no se lo ha explorado mas allá (o más acá, si la
referencia es nuestro presente) de Schubert y Beethoven... creo que sería
interesante que, sin abandonar esa sólida base clásica,
se abordara aquí y allá alguna sinfonía o concierto
románticos, algún poema sinfónico, alguna obra del
siglo XX, que las hay de muy accesibles. Adolfo Villalonga nos preparó
para este séptimo concierto un programa con tres oberturas (dos
de Rossini y una de Sor) en la primera parte y la "Sinfonía
Nº 100" de Haydn en la segunda.
El catalán Fernando Sor es hoy casi exclusivamente recordado por
su importante producción guitarrística, pero poseía
sin duda más cuerdas en su arco, ya que su ballet "Cendrillon"
obtuvo más de cien representaciones en París y fue escogido
para la apertura del Teatro Bolshoi de Moscú (1824); su ballet
"L’amant peintre" se estrenó con gran éxito
en Londres en 1823 y también fue llevado a Moscú, donde
se lo tituló "Alphonse et Léonore"... cuya obertura
nos ofreció Villalonga en una meritoria recuperación de
este olvidado compositor. La pieza del catalán, bastante sencilla
en su escritura, tiene más de un punto en común con el lenguaje
de las oberturas rossinianas que siguieron en el programa y que datan
de 1813 ("L’italiana in Algeri") y 1816 ("Il barbiere
di Siviglia"). La "Sinfonía en sol mayor", que redondea
la centena en el catálogo de Hobocken, fue terminada por Haydn
en Londres en 1794, aunque el material de su segundo movimiento proviene
de una obra anterior; su percusión “turca” (platillos,
triángulo y bombo) y algún llamado de trompeta ha originado
su subtítulo de “Militar” (un comentarista británico
escribió entonces acerca del “choque de las armas, el gemido
de los heridos, el rugido infernal de la guerra...”)
Como he escrito más arriba nuestra orquesta comienza a manejarse
con manifiesta soltura y solvencia en todas estas obras clásicas
y sus versiones son por tanto muy dignas y sin carencias importantes.
La cuerda sonó muy empastada y con un sonido homogéneo y
cálido, todos los solistas de viento tuvieron ocasión de
lucimiento en frases excelentemente resueltas (estupendos en "Il
barbiere"), la percusión muy sólida y sin fisuras...
personalmente preferí las interpretaciones de la primera parte
a la de la sinfonía de Haydn, donde una mayor convicción
“militar” hubiera sido a mi entender bienvenida. Como bis
escuchamos una "Marxa de sa sargantana", jazzística pieza
debida al estro de Villalonga. Hubo numeroso y entusiasta público.
¡Adelante!
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