Pedro A. Echarte - Violas para el Greco

 

Ultima Hora Ibiza - Artículo Nº : 240 - Fecha de publicación : 14-10-01

 

El Festival en curso sirvió de marco en el Día de la Hispanidad (o de las Américas, como le llamamos allende el Atlántico) para un concierto de altísima calidad en el que pudimos escuchar, creo que por primera en Ibiza, un verdadero “consort” de violas (violas de gamba, es obvio) con valiosos instrumentos de los siglos XVI y XVII en un programa de obras renacentistas españolas planteado como un homenaje al gran Domenico Theotokópoulos, el Greco, en el cuatrocientos cincuenta aniversario de su nacimiento. Este, programa fue concebido y realizado por el conjunto Orpheon de Viena que utilizó algunos instrumentos de la magnífica colección personal de su director y fundador: el cubano José Vázquez.

Como era previsible tratándose de violas y dado el marco histórico del programa, piezas del «Trattado de glosas» (Roma, 1553) del toledano Diego Ortiz constituyeron el eje del mismo pero como el consort ha adjuntado un contratenor tuvimos la rara ocasión de cotejar algunas de sus recercadas con las obras vocales que les sirven de punto de partida: el madrigal “0 felici occhi miei” de Jaques Arcadelt, y la celebrada “chanson” “Doulce mémoire” de Pierre Sandrin (cuyo texto se atribuye al mismísimo Francisco I de Francia). Algunos tientos de Ambrosio de Cotes, motetes de Cristóbal de Morales y de Tomás Luis de Victoria y villancicos de Juan Vázquez y Francisco Guerrero redondearon un maravilloso cuadro musical de la España de los primeros Austria.

José Vázquez y los otros cuatro violagambistas del Orpheon fueron deshilvanando este programa con profunda sabiduría y autoridad, intercambiándose frecuentemente los instrumentos y afinándolos con cuidado calma para ofrecer impecable sonido y afinación, pero sobre todo gran conocimiento y poder de convicción, en un clima de recogimiento y concentración.

Las obras vocales ofrecidas son originalmente polifónicas, pero versiones a una voz cantante y realización instrumental del resto de la polifonía eran habituales en la época y son rigurosamente historicistas. Thomas Künne las tradujo con pertinencia de estilo y gran calidad vocal; su deficiente pronunciación española deslustró algo sus interpretaciones de los villancicos, mientras su italiano, francés y latín fueron impecables.

Toda esta música fluyó con excelencia y una naturalidad tal que hubiéramos podido creer que el Convent se había transmutado en la magna Catedral de Toledo, donde el mismo Greco la escuchaba confundido entre los cortesanos y, en un apartado sitial, la adusta figura de Felipe II presidía la velada.

¡Inolvidable!

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