Pedro A. Echarte - Música isabelina

 

Ultima Hora Ibiza - Artículo Nº : 254 - Fecha de publicación : 06-01-02

 

El tercer concierto (segundo al que he podido asistir) de este verdadero pequeño festival de música antigua que nos está brindando el Orpheon Consort de Viena estuvo consagrado a la música inglesa de la llamada “era isabelina”. Esta brillante etapa de la historia de Inglaterra propició un magnífico florecimiento artístico donde la música británica alcanzó la cúspide de su propia historia. En rigor la denominada “música isabelina” abarca no solo el largo reinado de Isabel I (1558 a 1603), último soberano de la casa Tudor, sino el reinado de los primeros Estuardo, Jacobo I (1603 a 1625) y su hijo Carlos I (1625 a 1649); la decapitación de este rey y la toma de poder por el Parlamento puso un violento término a esta esplendorosa etapa, ya que los puritanos, de inspiración calvinista, eran contrarios a la música y otras artes que consideraban “vanitas vanitatum”.

El concierto del Orpheon en Jesús comenzó con el par Pavan & Almain de Alfonso Ferrabosco II (c1578-1628) hijo del italiano del mismo nombre establecido en Londres y como su padre eminente virtuoso del laúd y la viola da gamba, también cantante. A continuación escuchamos a Thomas Künne en una maravillosa canción que ya había sido ofrecida en San Antonio y que yo había creído comprender era obra del gran Henry Purcell (que vivió ya en época de la “Restauración”) y así lo consigné...pido disculpas a mis lectores, ya que se trata de una composición del poco conocido Richard Nicholson (1595 – 1639), su sugerente título es Sweet, they say such virtue lies in your lips. El recital prosiguió con una Suite de John Jenkins, la canción Sorrow sorrow stay del gran John Dowland y otra Suite, esta de Cristopher Simpson, para dos violines y bajo de viola. A continuación una “spiritual song” de William Byrd (seguramente el más importante compositor de todo este brillante período) acorde con la festividad de Reyes: Out of the orient crystal skies, luego una Suite de Anthony Holborne y para finalizar una canción anónima que también habíamos escuchado en San Antonio. Este bellísimo programa, bien representativo de una época musicalmente esplendorosa, fue servido por el Orpheon con la entrega, la profesionalidad y la musicalidad de que han hecho gala en anteriores conciertos. Quiero destacar especialmente la interpretación de la obra de Simpson, ya que en ella José Vázquez y otra de las instrumentistas empuñaron dos violines cremonenses de principios del siglo XVI mientras otra de las instrumentistas se ocupaba del bajo de viola; Vázquez se reveló como un excelente violinista y muy ducho en esto de tener que habérselas con un violín barroco, que se apoya relajadamente sobre el hombro ya que carece de “mentonera” y cuyo manejo del arco es un difícil arte que aún un experto violinista debe reaprender para lograr las articulaciones propias de la música compuesta para este instrumento (que es toda la esplendorosa música barroca para violín) En fin, resumiendo, los buenos melómanos de esta isla estamos maravillados y aún llegamos bien pronto a los conciertos para beneficiarnos de los bellos ensayos.

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