Pedro A. Echarte - El adiós a un gran artista

 

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Ultima Hora Ibiza - Artículo Nº : 282 - Fecha de publicación : 12-06-02

 

Como un póstumo homenaje al gran cantante húngaro Sándor Kónya, socio fundador de la Asociación Pro Arte, fue presentado el recital lírico organizado por esta entidad el día 7 de junio y en el que actuaron el tenor Andreas Wagner, la soprano Angela Dellert y el pianista Gregory Lenton. La audición de un fragmento de una referenciada grabación de Die Meistersinger (Los maestros cantores) de Richard Wagner dirigida por Rafael Kubelik en 1967 y con Kónya como Walther dio paso a una introducción rememorativa de la trayectoria artística del gran cantante desaparecido a cargo de este cronista.

El vasto programa contó con un apartado propiamente lírico donde Wagner y Dellert se alternaron para ofrecer arias de Mozart y de la verdiana “La traviata”; El campo de la canción estuvo representado por una buena selección de lieder de Richard Strauss repartidos en dos tandas, la primera a cargo de la soprano y la segunda del tenor, además de tres canciones de Enrique Granados. Hacia el final la motivación conmemorativa del recital propició la inclusión de un lied sacro de Felix Mendelssohn a cargo del tenor y del duetto “Domine deus” del Gloria de la Misa en si menor de Johann Sebastian Bach que cerró el programa. La calidez de la recepción del público empujó a los artistas a ofrecer dos obras fuera de programa: Angela Dellert concluyó su actuación con “Die Nacht” (La noche) Op.10 nº 3 de Richard Strauss y Andreas Wagner tuvo un emotivo gesto al cantar “Caro mio ben” de Giuseppe Giordani tras comentarse que esta canción fue la última que Sándor Kónya ofreció públicamente con ocasión de un bautizo en la isla.

 

Como Pinkerton, de http://www.cs.princeton.edu/~san/konya3.jpg

 

Este estupendo programa y el recogimiento de un público atento y muy motivado por la emotividad de la celebración hubieran podido producir una velada memorable... no creo sin embargo que los buenos melómanos acordaran a Andreas Wagner un certificado de excelencia: su timbre careció de calidez y tersura y en muchos momentos los “forte” sonaron francamente violentos. Estilísticamente pienso que su Mozart dejó mucho que desear, teniendo una actuación más aceptable en su encarnación del Rodolfo de “La traviata” y en los lieder de Strauss de la segunda parte. Angela Dellert por su parte, cuyas prestaciones hemos tenido ya diversas ocasiones de apreciar, no pareció encontrarse tampoco en una de sus mejores veladas: todo el tiempo administró con sumo cuidado sus posibilidades vocales y en ningún momento dejó volar su voz; su articulación siempre problemática dificulta enormemente la comprensión de los textos, lo cual no es muy admisible en el género de la canción.

Para mí el único artista que estuvo a la altura fue Gregory Lenton, cuyo dominio del difícil arte de acompañar al canto hace de cada una de sus apariciones una verdadera clase magistral.

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