Pedro A. Echarte - Nacimiento de dos tríos
Ultima Hora Ibiza - Artículo Nº : 290 - Fecha de publicación : 23-07-2002
El ciclo “Músics d’Avui” tuvo su segunda jornada con un concierto a cargo de un trío integrado por Fàtima Tamarit Fernández y Toni Riera Palau, flautas, y Maite Galarza Mur, violoncelo. El programa propuesto comprendió obras de Haydn, Telemann, Beethoven, Johann Joachim Quantz (no Quartz, como se leía en el programa de mano) y, para finalizar, el estreno absoluto de “Trío Nº 1” de nuestro compositor Adolfo Villalonga, obra que fue presentada como quien dice “recién salida del horno”, puesto que está fechada en el año en curso. Esta obra se inscribe dentro de un marco estilístico que Villalonga emplea con frecuencia, afín a las tendencias de corte neoclásico que tuvieron su auge en los años de preguerra; la parte central de su único movimiento hace gala con moderación de un lenguaje menos melódico y más “puntillista” ciertamente más avanzado y con algunos efectos tímbricos más interesantes en mi opinión. Como escribí en mi artículo “Un ibicenco en Radio Clásica” (23/01/02), el curso de la evolución creativa está lleno de meandros, y Villalonga sigue su personal camino con coherencia y sin “rupturismos”.
El trío para dos flautas y violoncelo no posee un extenso repertorio:
a parte obras barrocas para dos flautas con violoncelo o con continuo poseemos
cuatro “divertimenti” de Haydn (el primero de los cuales presente
en el programa) y poco más; el Trío en do mayor Op.87 de Beethoven
(del que se escuchó solo el primer movimiento) es original para dos oboes
y corno inglés. Razón de más para celebrar que esta agrupación
local haya propiciado la composición de una obra original para el conjunto.
Los tres instrumentistas evidenciaron haber preparado a conciencia su programa
y el conjunto sonó muy ajustado y equilibrado. La sorpresa fue para mí
Fàtima Tamarit, a la que escuché allí por primera vez;
lució en todo el concierto un bello sonido bien timbrado y afinado, muy
cálido y claro, y su fraseo y articulación me parecieron siempre
muy pertinentes. Tamarit llevó la parte “cantabile” en la
mayoría de las piezas ejecutadas y su excelente labor fue complementada
por los otros dos instrumentistas con eficacia y musicalidad. El Trío
de Quantz, en la que Riera Palau tuvo una participación más protagónica
y de diálogo con la otra flauta, fue en mi opinión la obra que
les salió más redonda: el fraseo muy fino y la matización
dinámica delicada tradujeron excelentemente el estilo de este buen exponente
de la “galanterie” que afeccionaba Federico el Grande de Prusia,
de quien Quantz era flautista de cámara (el rey tocaba también
ese instrumento, y muy bien).
Como bis repitieron parte de la obra de Villalonga. Dos “tríos”
han nacido en nuestro medio: una agrupación y una obra. ¡Bravo!
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