Pedro A. ECHARTE - Mínimas asistencias

 

Ultima Hora Ibiza - Artículo Nº : 291 - Fecha de publicación : 24-07-2002

 

Nueva jornada de este ciclo que pretende promover a intérpretes de nuestro medio pero que al parecer no interesa a nuestro público, ya que las asistencias son mínimas y casi da vergüenza que estos jóvenes hayan trabajado duro preparando sus programas y que solo una veintena de personas (término medio hasta ahora) asista a valorar el fruto de su tarea. ¿No se habrá publicitado suficientemente? ¿Será la época del año, poco propicia a encerrarse en un auditorio? ¿Será que, como dicen algunos, el auditorio mismo no atrae al público? En todo caso pienso que la Conselleria de Cultura debería estudiar el tema, de cara a futuras convocatorias, si de verdad este ciclo debe convertirse en un escaparate para que nuestros intérpretes se den a conocer.

La violoncelista Maite Galarza Mur y la guitarrista Elena Tarrazó Martínez protagonizaron esta tercera velada. El programa repitió unas cuantas obras que las artistas ya nos habían hecho escuchar en un recital en Sant Antoni en el mes de marzo; ya he hecho alusión en otros artículos al tema “tiempo y dedicación” de nuestros intérpretes y a su imposibilidad de renovar frecuentemente los repertorios; de todas maneras no serían muchos los que ya las habrían escuchado si aún repiten en el futuro.

Dos Nocturnos de Friedrich Burgmüller y la Sonata en mi menor RV 40 de Vivaldi constituyeron el programa del dúo; tuvimos además, para guitarra sola una Fantasía sobre temas de “La traviata” de Francisco Tárrega y la Suite BWV 997 de J.S.Bach (original para laúd) y para violoncelo solo la Suite en sol mayor BWV 1007, tambien del “Kantor”. Como bis Vals sentimental Op.51 de Chaikovsky.

Desde que la escuché por primera vez en marzo he reconocido en Maite Galarza Mur una instrumentista de muy sólidos medios técnicos y expresivos. La actuación del sábado no hizo sino reafirmar esta primera impresión. La comprometida Suite de Bach fue muy bien resuelta en una versión dinámica y esencialmente extrovertida, con unos “tempi” muy danzantes que recuerdan el origen de los números como piezas de baile; una opción interpretativa que bastantes intérpretes “historicistas” han revindicado. Aún más me convenció en la bellísima Sonata vivaldiana, con un fraseo y un sonido muy cálidos y expresivos.

Elena Tarrazó Martínez se desempeñó excelentemente acompañando a Galarza en las obras que lo requerían; el ajuste entre ámbas jóvenes artistas resultó impecable. En Tárrega y en la Suite para laúd de Bach, obras para guitarra sola, me pareció en cambio que la intérprete estaba sumamente nerviosa: su fraseo fue muy inseguro y el sonido no siempre de la excelencia requerida. En general creo que sus ejecuciones estuvieron por debajo del nivel demostrado en Sant Antoni; podía haber tocado más confiada, como “en familia”, por la quincena que éramos.

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