Pedro A. ECHARTE - Cinco años de crítica musical

 

Ultima Hora Ibiza - Artículo Nº : 309 - Fecha de publicación : 22-10-2002

 

El 9 de octubre de 1997 se publicaba en las páginas de “Última Hora Ibiza y Formentera” mi primer artículo de crítica de conciertos; más de trescientos artículos le han seguido hasta la fecha durante estos cinco años en los que he dado mi opinión sobre la mayoría de los eventos de la vida musical en esta isla. Creo que es una ocasión para ensayar algunas conclusiones sobre el sentido y la posible utilidad social de la actividad desarrollada.

No creo que la tarea de comentarista musical pueda llevarse a buen puerto si no está basada no solo en una sólida formación específica y en extensos conocimientos sobre la materia sino también en una deontología y una permanente reflexión sobre su utilidad. Es fácil y cómodo autodefinirse como “servidor de la cultura musical”, pero la actividad tiene agentes diversos y no siempre es evidente que se sirva a todos por igual, ya que sus intereses pueden revelarse divergentes. ¿Se “sirve” a la cultura musical cuando se contenta a los organizadores de los eventos, o cuando se intenta que los artistas (los verdaderos animadores) no salgan ni malparados ni desairados, o cuando se pone uno en contra del parecer del público porque en su opinión éste carece de formación sobre la que basar una apreciación justa? Creo que es al público que el comentarista se debe ante todo, pero si un “crítico” amolda su criterio sobre el aplauso del mismo no aportará ningún elemento en la dialéctica cultural, ya que su opinión no será entonces sino un superfluo eco de ese aplauso.

De esto no se deducirá que insinúo que el crítico siempre tiene razón frente al público... solo digo que si éste no se sitúa en un plano de opinión experta, que pueda también ayudar al público a afinar sus elementos de juicio, no cumple ninguna función necesaria dentro de un determinado entramado social. Hay quien pide objetividad a la crítica, pero la pretendida “objetividad” (sobre todo en el campo del arte) no es sino una subjetividad que se autoengaña (a menos que mienta a conciencia) ya que todo el sistema de valores y la metodología de que el crítico se sirve en su tarea apreciativa son “los suyos”. Pero en cambio es exigible que permanezca fiel en toda ocasión a esos propios valores y que su honestidad quede reflejada en su negativa a que “amiguismos” y consideraciones de beneficio personal se mezclen en un brebaje espurio que intente presentarse como juicio imparcial. Creo que consideraciones de utilidad, oportunidad y una clara percepción de las posibilidades y limitaciones del medio en que la actividad se desarrolla debieran integrarse también en sus principios y matizar sus juicios si desea que su tarea coadyuve a elevar el nivel medio de la cultura musical. A mayor formación cultural mayores exigencias y, con la misma lógica, más alto el nivel de las actividades y eventos. Creo que solo a partir de premisas como las que vengo de exponer comienza la tarea del crítico como “servidor de la cultura” a llenarse de un real contenido... en eso estamos, cinco años de actividad, más de trescientos artículos, algunas contracríticas y reconocimiento de errores cuando hubo lugar... señal que cabalgamos, Sancho.

La página principal de Pedro A. Echarte...

Música clásica en Eivissa...