Pedro A. Echarte - El sabio de la viola - Jordi Savall

 

Ultima Hora Ibiza - Artículo Nº : 333 - Fecha de publicación : 13-05-2003



Por segunda vez en nuestra isla y ahora en el marco de la “Eivissa Medieval” el público ibicenco ha tenido la privilegiada ocasión de escuchar un recital de Jordi Savall. No creo que la fiesta medieval, con el fondo de los ruidos del gentío que paseaba por la calle, fuera el marco más adecuado para la presentación de un artista de tan eximia categoría; pero ahí estaba, absorto en su Barak Norman, a menos de diez pasos de donde este cronista bebía con religiosa unción cada gota del elixir que nos iba destilando... como si con el maravilloso sonido de su instrumento nos estuviera invitando a seguirle por “la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido”... porque eso es lo que este magno artista transmite: sabiduría.

El programa, acorde con las celebraciones, mostró un amplio abanico estilístico que abarcó desde el más remoto medioevo hasta el siglo de Luis XIV, época de oro de la música para la viola. El comienzo del recital recreó temas de una época en que la “viola de gamba” aún no existía y donde los parcos neumas anotados en los manuscritos debían ser revestidos de voz o sonido instrumental según el gusto y las posibilidades del consumidor. Canciones de Sefarad o danzas moriscas, stampitte o saltarelli... escasos vestigios de una música profana que debió ser riquísima en invención creativa y que Savall conoce a fondo, pues ha grabado con Hesperion XX múltiples registros dedicados a ella. Desde el medioevo nos hizo saltar hasta principios del siglo XVII, cuando el “Captaine” Tobias Hume publicaba dos libros de piezas para violas que confirmarían la importancia del instrumento en la Inglaterra isabelina. Toda la segunda parte del recital estuvo dedicada a la la música francesa del “grand siècle” que fue sin duda una gran época para la música de viola: Mr. de Machy, Mrs. de Sainte Colombe, padre e hijo, Marin Marais. De Marais tuvimos todavía como primera pieza ofrecida fuera de programa una "Muzette en sol majeur"; como segundo bis, ante la interminable ovación del publico, Savall nos haría degustar "La cloche" de John Playford, una pieza con difíciles efectos de “pizzicatti” con la mano izquierda.

Escuchar en el Convent de la Vila a un señor que, como instrumentista y/o director, ha deslumbrado a los públicos de las más prestigiosas salas del planeta, verlo y sentirlo totalmente absorto y entregado, haciendo abstracción del murmullo que nos llegaba desde la calle, de los fotógrafos y cámaras que se paseaban a sus anchas por la sala haciendo crujir sus zapatos, toda su atención concentrada en lo único que importaba en ese momento: la música... creo que ese momento lo guardaremos, los que allí recibimos cada sutil inflexión de su arco como las enseñanzas de un guru, en el más íntimo sancta sanctorum de nuestra memoria. ¡Gracias, Maestro!

 

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