Pedro A. Echarte - Cobrando aplomo y seguridad

 

Ultima Hora Ibiza - Artículo Nº : 337 - Fecha de publicación : 21-05-2003



Nuevo concierto de nuestra joven sinfónica “Ciutat d’Eivissa”, esta vez bajo la autorizada batuta de Georges Verwilt. Tres obras en un programa clásico – barroco: Grétry (que no Gétry, como figuró en el programa de mano), Vivaldi y Beethoven. El belga André-Modeste Grétry (1741-1813) fue una de las figuras esenciales de la “opéra-comique” francesa durante las décadas previas a la revolución, a la que adhirió a pesar de que ésta arruinó sus posibilidades profesionales; su “opéra-ballet” "Céphale et Procris, ou L’amour conjugal" fue estrenada en París el 30 de diciembre de 1773; su compatriota Verwilt nos ofreció una “suite” integrada por tres piezas: Tambourin, Menuetto y Gigue. El Concierto en la menor RV 522, para dos violines, cuerdas y continuo, octavo de los publicados por Antonio Vivaldi en 1712 bajo el epígrafe de L’estro armonico, cerró la primera parte del concierto; actuaron como solistas de esta obra los violinistas David Gómez Arrébola y Santiago Bonet Bufí. La segunda parte estuvo dedicada a la Sinfonía Nº 1 en do mayor, Op. 21 de Ludwig van Beethoven, verdadero adiós al siglo XVIII cuya factura permanece aún dentro de la tradición haydniana y que fue estrenada en el National Hoftheater de Viena el 2 de abril de 1800 bajo la dirección del compositor.

Creo que nuestra orquesta comienza a tomar aplomo y seguridad y que podemos comenzar a esperar de ella muy honorables prestaciones; la respuesta a la batuta se mostró muy flexible y sensitiva y creo que es una virtud a valorar en el activo del director. En el pasivo pondría yo la decisión de transformar la sinfónica en una orquesta barroca de cuerdas para poder ofrecer un concierto de Vivaldi... ya nos visitan regularmente orquestas de cuerdas (la Camerata “Sa Nostra” entre otras), pienso que nuestra sinfónica debiera abocarse a ofrecer el vastísimo repertorio propiamente sinfónico. Además la interpretación del concierto vivaldiano fue en mi opinión la menos satisfactoria de las escuchadas en este concierto, los movimientos inicial y final adolecieron de “tempi” poco ágiles y los solistas ofrecieron una versión falta de chispa y vitalidad. Bien bordados, con la finura que estilísticamente les corresponde, fueron en cambio resueltos los tres números de la “suite” de Grétry, cuyo Tambourin inicial fue repetido como bis al final del concierto ante los prolongados aplausos del público. Muy bien interpretativamente la beethoveniana “primera” (excelente sección de vientos, tanto maderas como metales), una bella versión a la que tal vez le faltó un punto de vigor y de contraste dinámico. Pienso que esta apuesta por el futuro de nuestra música se va convirtiendo en uno de los pilares sobre los que nuestra vida musical comienza a asentarse y es de esperar que, cualesquiera sean los avatares de la vida institucional de la isla, nuestra “simfònica” continue su camino como elemento esencial de nuestra cultura musical.

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