Pedro A. Echarte - “Dolcissimo sospiro...”

 


Ultima Hora Ibiza - Artículo Nº : 352 - Fecha de publicación : 26-08-03


Estas palabras iniciales de un poema de Ottavio Rinuccini, que con música de Giulio Caccini se publicó en 1602 en “Le nuove musiche”, fue el lema escogido por el grupo “Hippocampus” para su original y bellísima propuesta en el tercer concierto del XVI Festival Internacional de Música que se está desarrollando en San Carlos. El programa se articuló sobre tres compositores que impulsaron el cambio estilístico en las cruciales décadas iniciales del siglo XVII cuando la polifonía renacentista cedió el paso a la monodia y al estilo “rappressentativo”: Giulio Caccini, Claudio Monteverdi y Girolamo Frescobaldi, este último más conocido en su faceta de eximio organista y compositor de música para tecla. La soprano británica Rachel Elliott fue la encargada de dar vida a las partituras de estos compositores con el eficaz concurso de Alberto Martínez Molina como “continuista” al clavicémbalo, quien puso además variedad en la propuesta al intercalar "Toccate" de Frescobaldi entre las monodias vocales.


Pero antes de cada composición la actriz Gonzala Scherman leyó una traducción del poema, comunicando así acertadamente al público el clima emocional que las melodías pretenden expresar. Dulcísimos en verdad y bellísimos los “sospiri” en la voz de Elliott; ora desenfadados en alguna aria de Frescobaldi, ora preñados de patetismo en las conocidas páginas de Monteverdi, en especial el celebradísimo "Lamento de Arianna" (texto también de Rinuccini). La cantante dio sobradas pruebas de su maestría y compenetración con este difícil estilo vocal hecho de sutiles inflexiones, de articulaciones en eco y en cascada totalmente ajenas al “bel canto” posterior. La articulación expresiva de la palabra es esencial en estas monodias, cuyo confesado objetivo era realzar la tensión emocional de la misma; Elliott conmueve tanto más cuanto que la carga emotiva de sus frases está contenida y concentrada y el “lamento” parece dirigirse más a sí misma que al prójimo.


Alberto Martínez Molina, se reveló como un sensitivo clavicembalista en un instrumento afinado con temperamento mesotónico y como profundo conocedor de este estilo donde el compás no ha impuesto todavía su tiranía; su interpretación de cuatro piezas del "Libro secondo di Toccate" (1630) de Frescobaldi fue aérea y fluida, llena de libertad pero no exenta de rigor; interpretaciones muy inventivas y personales dentro de una perfecta adecuación estilística. No enjuiciaré las prestaciones de Scherman por caer fuera de mis competencias, pero sí diré que la propuesta de la lectura expresiva de los textos me pareció muy válida y verdaderamente enriquecedora. Ante el entusiasmo del público los artistas nos brindaron "Amarilli mia bella" de Caccini sobre un poema de Guarini. Podría resumir mi opinión sobre este concierto en una calificación muy simple: el más bello que yo haya escuchado este año. Bravissimo!

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