Pedro A. Echarte - La memoria de Sefarad - Judith R. Cohen

 

Ultima Hora Ibiza - Artículo Nº : 335 - Fecha de publicación : 15-05-2003



El lunes 30 de abril de 1492 (según el calendario juliano entonces vigente) se hacía público un decreto de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla conminando a los judíos de sus reinos a convertirse al cristianismo o abandonar prontamente sus residencias en los mismos. La Inquisición, encargada por el poder real de vigilar el conjunto de las operaciones, empujará a los judíos a escoger el exilio más bien que a convertirse. Según juiciosas estimaciones más de doscientos mil judíos pertenecientes a comunidades asentadas en la península ibérica desde hacía muchos siglos emprendieron ese camino hacia el exilio. Les estaba prohibido llevar consigo oro o plata... sus bienes fueron pasto de especuladores... se llevaron sus objetos de culto y poco más, se llevaron en la memoria sus canciones cuya música nunca fijaron en notación... ¿cómo sonaban aquellas canciones? Judith Cohen, destacada etnomusicóloga canadiense, ha rastreado las diversas versiones de un mismo poema a lo largo y ancho de la diáspora sefardí para darnos la mejor respuesta posible, ha recogido y comparado romances en ladino salpicado de turco o árabe según su aclimatación en el Magreb, en Izmir o Sarajevo... y ha seguido sus rastros hasta Toronto, Nueva York o Buenos Aires. Pero de toda esa ingente labor de campo sostenida por una formación académica al más alto nivel y una increíble capacidad lingüística Judith Cohen es capaz de escoger un romance aquí, una canción de boda allá, y transmitirnos sus conclusiones en la más entretenida y amena de las veladas, porque ante todo es un prodigio de comunicación que, movida por su amor a las canciones a las que ha consagrado una vida de estudio, es capaz de recrearlas con una impar autenticidad.

A ntes de entrar en ese maravilloso juego al que nos invitó Cohen habíamos escuchado unas canciones sefardíes interpretadas por el Grup “Misraj”, formado por cinco jóvenes mallorquines. Sus versiones fueron recreaciones muy libres y un poco puestas a la moda de las melodías que los etnomusicólogos coleccionan y anotan.

Luego comenzó Cohen a embrujarnos con su don comunicativo, nos hizo participar en un ensalmo de las tribus norteamericanas, cogió una “vièlle” medieval para acompañarse en una famosa canción anónima occitana: "A l’entrada del temps clar"... y empezó a conducirnos cual Ariadna por el laberinto de los caminos que los viejos romances han recorrido, mestizándose aquí y allá al influjo de las culturas que acogieron a los exiliados. Cohen no canta como una cantante profesional, sino como podría haber cantado una muchacha judía mientras bordaba y sostenía una discusión con su madre sobre posibles novios, en alguna de las ciudades y países de la diáspora, en alguno de los siglos que nos separan de aquella fecha negra de nuestra historia. Judith Cohen es una encarnación de la memoria de Sefarad.

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