Pedro A. Echarte - Un invitado de lujo

 

Ultima Hora Ibiza - Artículo Nº : 376 - Fecha de publicación : 11-11-2003

 

Después del paréntesis veraniego retomó su actividad, bajo la batuta de Manuel Ramon Mas, la Orquestra Simfònica “Ciutat d’Eivissa”, cuyo cuarto concierto contó con un invitado de una categoría artística como pocas veces podemos gozar por aquí: el pianista canario Pedro Espinosa. Arriaga, Schubert y Mozart fueron los autores de las tres obras que integraron el programa. Solo trece años contaba el bilbaíno Juan Crisóstomo de Arriaga cuando compuso su ópera "Los esclavos felices", representada en su ciudad natal antes de su partida hacia Paris en 1821. Un año más tarde, el 30 de octubre de 1822, Franz Schubert comenzaba la partitura de una "Sinfonía en si menor", obra que el insigne vienés había prometido a la “Sociedad Musical de Graz”... la promesa quedó incumplida, Schubert murió seis años más tarde y casi cuarenta años después la partitura apareció en manos de Joseph Hüttenbrenner, quien había entregado al compositor el diploma de la sociedad de Graz. El 17 de diciembre de 1865 se estrenó, completada con el final de la Sinfonía Nº 3; la obra figura con el número 759 en el catálogo cronológico de Otto Deutsch y, en todas las catalogaciones que conozco (y en la partitura y las versiones discográficas que poseo) como "Sinfonía Nº 8" (no veo de donde pudo salir el Nº 7 que figuró en el programa de mano)... la obra, con solo dos movimientos, el segundo en mi mayor, está evidentemente incompleta y de allí su mote de "Inconclusa". El 15 de octubre de 1790, durante los festejos por la coronación del emperador Leopoldo III, Mozart ofreció en Frankfurt un concierto dirigiendo desde el piano una reducida orquesta: en el programa los conciertos para piano y orquesta en fa mayor KV 459 y en re mayor KV 537, que desde entonces son conocidos como Conciertos de la Coronación; el primero, que escuchamos aquí con Pedro Espinosa al piano, había sido compuesto en 1784.

Encontré los “tempi” de las obras de la primera parte (Arriaga y Schubert) algo lentos, lo que sobre todo en el "Allegro moderato" de la "Inconclusa" quitó aristas y definición en el intenso dramatismo de esta pieza; expresivamente más logrado me pareció el "Andante", con su suave carácter idílico. Las prestaciones de la orquesta no ofrecieron novedades con respecto a anteriores conciertos; la madera (con las trompas) se afirma como un sólido pilar para el conjunto, mientras que la sección con más problemas, tanto de ajuste como de afinación, es la de los violines.

Desde la primera simple frase del piano supe que Pedro Espinosa es un artista al más alto nivel; el embeleso que me invadió gozando de su preciosa y delicada articulación ni siquiera se rasgó cuando el artista tuvo un evidente lapsus. Y la orquesta “Ciutat d’Eivissa” logró también, como contagiada de la musicalidad derrochada por el solista, la que no hesito en calificar como su más bella interpretación hasta el momento. Espinosa nos deslumbró aún en solitario con una sonata scarlattiana ofrecida como bis.

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