Ultima Hora Ibiza - Artículo Nº : 404 -
Fecha de publicación : 29-04-2004
SICVT TRANSIT GLORIA MVNDI era la inscripción que lucía
el interior de la tapa del hermoso clavicémbalo en la Sala de “Sa
Nostra”... un recordatorio de la transitoriedad de la fama y la
gloria que nos remitía a la búsqueda de una belleza perenne...
la bella copia de un Jan Ruckers del siglo XVII cuyo original se halla
en Edimburgo nos estaba ya invitando silencioso a un ejercicio de recogimiento
espiritual para prepararnos a acoger los sones que no tardarían
en producir sus cuerdas. Pero solo un tañedor de exquisita sensibilidad
y maravillosa musicalidad podía con propiedad despertar a tan bello
instrumento. Timothy Roberts es un clavecinista británico que nos
llega con un curriculum de verdad importante... estupendos conjuntos y
directores que los buenos aficionados a la música antigua tienen
por referencias cuentan con su colaboración. Aún así
la admiración que nos fue invadiendo a medida que Roberts desgranaba
su repertorio fue una inesperada y maravillosa sorpresa: ha sido sin duda
el más bello recital de clave que yo haya escuchado nunca en Ibiza
y uno de los más bellos entre todos en mucho tiempo; hay que decir
que por una vez la sala de calle Aragón se reveló como la
dimensión y la acústica ideal para escuchar a ese instrumento
(diez metros de distancia como máximo). El programa comenzó
con cuatro virtuosísimas sonatas de Domenico Scarlatti en la que
Roberts lució una mecánica de gran brillantez y seguridad
en pasajes de alucinante velocidad, pero también una gran variedad
de modos de ataque y de articulación, la quintaesencia de la ejecución
clavecinística. El "Vingt-septième ordre en fa mineur"
de François Couperin cerró la primera parte con sus cuatro
piezas que Roberts llenó de una poesía lánguida y
exquisita, cuidando cada detalle y cada ornamento como elemento esencial
en esa poética que parece sonoro encaje de bolillos o pieza de
orfebre. Pero la revelación más alta vendría en la
segunda parte con la "Partita Nº 6 en mi menor" BWV 830
de Johann Sebastian Bach con sus siete movimientos: Toccata, Allemande,
Courante, Air, Sarabande, Tempo di Gavotta y Gigue (el programa de mano
solo consignaba tres). Espléndida la exposición del contrapunto
en la "Toccata", el recital alcanzó a mi juicio la cima
en la pensativa y recogida versión de la "Sarabande",
y una nueva demostración de bravura virtuosística en la
"Gigue" final, llena de brío y rítmico impulso.
Los aplausos y bravos insistentes empujaron a este artista de aspecto
algo tímido y por cierto nada “star” a trascender lo
ya ofrecido con una maravillosa versión de la "Allemande"
de la "Suite francesa Nº 5", versión llena de calma
serenidad y profunda sabiduría... como de quien, al servicio de
la más alta música, ha trascendido la vana búsqueda
de la “gloria mundi”.
Un recital verdaderamente memorable. ¡Bravo, bravísimo!
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