Pedro A. Echarte - Música "da chiesa"
Ultima Hora Ibiza - Artículo Nº : 429 - Fecha de publicación : 15-08-2004
Un interesante repertorio fue puesto en los atriles por un trío de jóvenes instrumentistas de nuestro medio que ofrecieron en el Convent un concierto benéfico organizado por el Rotary Club de Ibiza; el trompetista Raúl Gálvez Colomar, el trombonista Vicente Tur Ramón y el organista Adolfo Villalonga Juan fueron los integrantes de este trío.
El hecho de que modernamente el jazz haya popularizado a los instrumentos de
metal como base de sus bandas no debe hacernos olvidar que durante algunos siglos,
a partir del renacimiento tardío y hasta el final del barroco, estos
instrumentos de origen heráldico ocuparon su puesto en las “capelle”
junto al órgano (instrumento eclesial por excelencia) como timbres requeridos
por la música “da chiesa”. A fines del siglo XVII el “cornetto”
fue destronado por la trompeta natural (sin pistones y de una longitud doble
de la actual) como instrumento soprano por excelencia; los sacabuches o “tromboni”,
excluidos de la orquesta de cámara barroca, encontraron su lugar en la
iglesia, como en la ópera, como traductores de “lamenti”
y de todo lo que evoca mundos de ultratumba.
Una "Suite" de Händel y una "Sonata" de Giovanni Buenaventura
Viviani (“Capricci armonici”, 1676), para trompeta y continuo, se
alternaron con otras dos sonatas para trombón y continuo de Benedetto
Marcello y del oboísta germano Johann Ernst Galliard (en realidad estas
sonatas están previstas para cualquier instrumento grave: violoncelo,
fagot o trombón) y con dos piezas interpretadas al órgano solo:
la "Corrente italiana XIII" de Joan Cabanilles y el primer preludio
de "El clave bien temperado" de J. S. Bach. El sonido brillante y
penetrante de la trompeta moderna ciertamente no se conjunta tan bien con el
órgano como la trompeta natural barroca, y en algunos momentos su pletórica
sonoridad tendió a enmascarar al órgano (el instrumento del Convent
no tiene grandes recursos), a pesar de lo cual las versiones de Gálvez,
exultantes y heráldicas, fueron excelentes (un virtuoso “prehistoricista”
como Maurice André también ponía la trompeta en un absolutamente
dominante primer plano). Más equilibradamente conjuntadas estuvieron
las sonatas para trombón, donde Tur Ramón lució una buena
afinación y un sonido cálido y bien timbrado. El que Villalonga
ejecutara una pieza clavecinística de un compositor con tan ingente obra
organística como Bach tiene su justificación: todas las obras
para órgano del “Kantor” requieren pedalera, inexistente
en el Convent: el “tempo” me pareció algo apresurado. Fuera
de programa los tres instrumentistas interpretaron un interesante "Trío"
compuesto por Villalonga con colorida plenitud sonora y gran riqueza armónica.
Hubo muy poco público, una lástima ya que el programa fue estupendo.
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