Ultima Hora Ibiza - Artículo Nº : 381 -
Fecha de publicación : 26-11-2003
No es porque solo muy de tarde en tarde me deje caer
por alguno de los actos organizados por los centros de enseñanza
musical, como el “Conservatori Professional de Música i Dansa
d’Eivissa i Formentera”, que no tenga siempre presente en
mi espíritu la primordial importancia que la labor de estos centros
reviste para la vida musical de nuestras islas. Creo que los frutos de
la tarea de una institución como el Conservatorio pueden apreciarse
cada vez que tenemos la ocasión de escuchar un conjunto local,
sea la Banda o la Orquesta “Ciutat d’Eivissa”, sea cualquier
otra agrupación, camerística o incluso popular, pues algunos
de sus integrantes allí se habrán formado musicalmente,
allí habrán adquirido sus conocimientos teóricos
y su pericia instrumental.
La víspera del día de Santa Cecilia se desarrolló
en el Auditorio de Cas Serres un acto en celebración de la festividad
de la patrona de la música en el que se hizo entrega de una quincena
de certificados de grado elemental a alumnos de piano, flauta, saxofón,
guitarra, violín, violoncelo, clarinete y trompeta (una muestra
de los instrumentos que allí se enseñan) y de su titulación
de profesor de grado medio a una joven violinista cuyo talento ya he podido
yo apreciar en alguna audición.
Después de este acto académico pudimos escuchar algunas
interpretaciones de la “Banda del Conservatori”, dirigida
por Adolfo Villalonga, y de la “Orquestra del Conservatori”
que desde hace ya bastantes años lidera Maria Nélida Boned.
Fue la primera vez que yo escuché al primer conjunto, integrado
por un nutrido grupo de alumnos (casi tan numeroso como el de nuestra
banda municipal) de instrumentos de viento, aderezados con cuatro violoncelos
y timbales. Tres piezas de carácter pedagógico del propio
Villalonga en los atriles nos permitieron apreciar las prestaciones de
estos noveles instrumentistas en estilos tan diversos como un blues o
un pasodoble.
La “Orquestra del Conservatori”, también compuesta
por alumnos (fundamentalmente instrumentos de cuerda y unas pocas maderas)
con el apoyo de algún profesor, nos ofreció por su parte
un corto programa en el que destacaron "Tres danzas alemanas"
KV 605 de Mozart interpretadas con gusto y justeza estilística.
El auditorio estaba repleto sobre todo de jóvenes bulliciosos y
entusiastas que premiaron las interpretaciones de sus amigos músicos
con estruendosos aplausos y penetrantes silbidos, de esos que yo creía
que solo podían oírse en un concierto de “rock n’roll”
o un similar evento popular... altamente reconfortante, todo ese juvenil
entusiasmo premiando la labor de ese centro, de sus alumnos y sus profesores.
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