Ultima Hora Ibiza - Artículo Nº : 233 -
Fecha de publicación : 16-09-2001
Un recital de órgano celebrado en la Catedral
el jueves 13 con Adolfo Villalonga como protagonista puso punto final
a la programación del ciclo "Estiu al Museu Arqueològic"
que ese mismo artista había inaugurado el pasado 28 de junio. Como
viene siendo ya habitual en Villalonga el recital fue monográfico,
aunque en esta ocasión el tema no fue la obra de un único
compositor sino el himno "Pange lingua" a través de versiones
de compositores españoles del último renacimiento, del barroco
y, como no, del siglo XXI, representado por una obra del propio intérprete
presentada en calidad de estreno mundial.
El Pange lingua (Asevera, lengua...) es uno de los himnos más antiguos
de la cristiandad; fue escrito en tetrámetros trocaicos por el
poeta eclesiástico (obispo de Poitiers) Venancius Fortunatus en
el año 569, con motivo del regalo, hecho por el emperador bizantino
Justiniano II a Radegunda (viuda del rey franco Clotario), de una astilla
de la Vera Cruz. El himno entró pronto a formar parte de la liturgia
de la Veneración de la Cruz que se celebra el Viernes Santo. No
podemos saber si la melodía con la que se canta es tan antigua
como el texto, ya que la notación musical tardaría aún
unos cuatro siglos en establecerse; pero lo cierto es que esa melodía
ha dado origen a multitud de elaboraciones que la toman como "cantus
firmus". Entre ellas se cuentan las escogidas por Villalonga para
su concierto, debidas a los zaragozanos Sebastián Aguilera de Heredia
y Pablo Bruna y a los valencianos Joan Cabanilles y Vicente Rodríguez,
señeras figuras del órgano renacentista y barroco hispánico,
y a su propio estro creador.
Podría repetir lo que ya he afirmado en varias ocasiones acerca
de las virtudes interpretativas de nuestro organista local en un repertorio
que frecuenta y en el que ya muestra conceptos y criterios interpretativos
personales de indudable interés, sin apartarse sin embargo de los
cánones más o menos vigentes en cuanto al estilo de los
maestros del órgano español, pero aún más:
diré que este ha sido el recital de Villalonga del que más
he gozado y que en mi opinión ha sido uno de los mejores que yo
le haya escuchado, con un estupendo y sutil empleo de los variados registros
del órgano catedralicio.
Villalonga compositor (también lo he escrito ya) me interesa menos.
No se puede negar el indudable oficio puesto en juego ni su conocimiento
y aprovechamiento de los recursos del instrumento, pero encuentro siempre
su lenguaje compositivo demasiado atado a los conceptos del pasado como
para aportar algo más vigente en este "postmoderno" siglo
XXI.
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