Pedro A. Echarte - Riqueza colorística

 

Ultima Hora Ibiza - Artículo Nº : 164 - Fecha de publicación : 08-12-2000

 

El martes 5 tuvo lugar en la iglesia de Santo Domingo un concierto de órgano enmarcado en las «Jomades Intemacionals de 1'Orgue Històric de les Balears» que organiza la Fundación ACA (Área Creació Acústica); el joven organista ibicenco Adolfo Villalonga fue su protagonista.

El programa ofreció una estupenda muestra de la gran música organística hispánica en su época de esplendor: los siglos XVI y XVII; ningún nombre esencial de esta deslumbrante etapa creativa estuvo ausente. Dos obras del burgalés Antonio de Cabezón y otro par del catalán Pere Alberch Vila nos situaron en pleno renacimiento, mientras que media docena de piezas de Sebastián Aguilera de Heredia, al que Villalonga profesa especial veneración, señalaron la transición hacia el barroco.

Con un "Tiento" del libro "Facultad orgánica" (1626) de Francisco Correa de Arauxo penetramos en el primer barroco, estilo que madura en Pablo Bruna, el ciego de Daroca, de quien escuchamos cuatro obras, para alcanzar su apogeo en el valenciano Joan Cabanilles, de quien tuvimos un par de tientos.

Bien inmerso en la tradición organística, Villalonga no pudo menos que comenzar con una breve improvisación. El entusiasmo del lamentablemente escaso público le obligó a prodigarse en dos bises: el primero una pieza de su propio estro creativo: Fantasía sobre «Ses germanes captives», el segundo fue otra improvisación que sorprendió y halagó a este comentarista, ya que le fue especialmente dedicada; la encontré muy interesante y más que digna de anotarse en partitura.

Ya conocemos bastante bien a Adolfo Villalonga como músico de múltiples facetas, y en mi opinión la de organista es una de las más interesantes. Artista profundamente implicado con su repertorio de elección, que no cesa de divulgar y servir con gran seriedad y musicalidad, todas su versiones evidenciaron tanto su compenetración con el estilo de los compositores como su conocimiento en profundidad de las posibilidades (bastante limitadas) del instrumento del Convent. En este recital, ayudado en la operación de cambio de registros, lució una riqueza colorística que me pareció difícilmente superable en un instrumento de un solo manual y tan pobre registración; lamentablemente algunos de los registros más sutiles sufren en su afinación y otros se enganchan a veces con nefastas consecuencias. Razón de más para admirar el empeño del artista en poner en valor este históricamente valioso pero vetusto y achacoso instrumento que ha merecido ser incluido en estas jornadas de órganos históricos de las islas. ¡Un bravo por las interpretaciones y otro por este voluntarioso empeño!

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