Pedro A. Echarte - La patrona de la música

 

Ultima Hora Ibiza - Artículo Nº : 453 - Fecha de publicación : 24/11/2004

 

El Conservatorio Profesional de Música y Danza de Ibiza y Formentera celebró el día de Santa Cecilia con un acto en el que primeramente se hizo entrega de los diplomas de grado elemental y medio a los alumnos que han completado esos ciclos de su formación musical. Luego pudimos escuchar a la Banda de la institución dirigida por Adolfo Villalonga y a la Orquesta que lidera Nélida Boned. El programa preparado por Villalonga para la Banda se integró con arreglos suyos de danzas renacentistas de Michael Praetorius y Thoinot Arbeau. El primero es uno de los más importantes compositores germánicos del final de Renacimiento, autor de más de mil obras de música sacra luterana todavía muy poco difundidas e insuficientemente repertoriadas y de una obra teórica fundamental, y que sin embargo es más conocido por el gran público a causa de su labor como editor y arreglista de las danzas más populares de su tiempo, que publicó en 1612 en una colección titulada “Terpsichore” en homenaje a la musa de la danza. Arbeau por su parte fue un clérigo francés que publicó en 1588 el primer tratado de coreografía conocido: “Orchésographie”. Los arreglos de Villalonga me parecieron excelentes y llenos de contrastes tímbricos y posibilitaron el lucimiento de casi todos los grupos y solistas instrumentales que componen la Banda del Conservatorio.

En la segunda parte escuchamos una orquesta de cámara bien equilibrada, aunque el nutrido grupo de violines y violoncelos contrastó con la única solitaria viola, la Cenicienta entre las cuerdas; una pequeña sección de vientos completó la plantilla que estuvo muy atenta a la batuta de Nélida Boned. El programa se integró con obras de R. Washburn (no conozco absolutamente nada de este compositor), de G. F. Händel, Edvard Grieg y el conocido compositor de músicas cinematográficas Henry Mancini. Aquí también (como en el concierto de Santa Cecilia de la Banda “Ciutat d’Eivissa”) Irlanda tuvo protagonismo en la primera obra, con “jigs” y “hornpipes”, mientras que Händel hizo dialogar flautas y clarinetes imitando al ruiseñor y al cuco, las aves más celebradas del mundo animal como inspiradoras de onomatopeyas musicales. La Suite para cuerdas “De los tiempos de Holberg” la compuso el noruego Grieg en 1884 (al año siguiente hizo una versión sinfónica) para conmemorar el bicentenario del nacimiento del escrito danés Ludvig Holberg; solo escuchamos el “Preludio”. Mancini por su parte nos restituyó los sones de una giga sonando en una flautilla de un penique (esta pieza permitió el especial lucimiento de la flautista Alejandra Villalobos, quien estuvo excelente en sus solos... pero todos, absolutamente todos, estuvieron muy bien).

Alguien dirá que mi artículo es más informativo (pedagógico) que crítico... es mi forma de honrar a la patrona de la música, puesto que de una institución formativa se trata.

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