Ultima Hora Ibiza - Artículo Nº : 384 - Fecha de publicación
: 24-12-2003
Polcas y valses se dieron cita en el último concierto
ofrecido por la Orquestra Simfònica “Ciutat d’Eivissa”
en este 2003. Así es como nuestro organismo sinfónico conmemoraba
el primer aniversario de su existencia a la vez que adhería a una
fórmula que ha probado su aceptación y popularidad en los
conciertos televisados de fin de año. Fue también el segundo
concierto en que Adolfo Villalonga se ponía al frente de la orquesta
y no ha sido ninguna sorpresa para mí el que se desempeñara
en este repertorio como si no hubiera hecho otra cosa en su vida que pasearse
por el Prater o a orillas del Danubio bebiendo en su fuente la música
de Johann Strauss II en las versiones del recordado Willi Boskovsky; la
“garra” para la batuta que ya saludara yo después de
su primer concierto con la Simfònica en el mes de marzo se mostró
ahora desenvuelta, llena de elegancia y seguridad.
El concierto se abrió con dos partituras en tiempo de vals de dos
antiguos directores de la Banda Municipal: "Rafael" de Florenci
Durany nos remontó a una época que seguramente ya pocos
recordarán en los ibicencos años veinte, mientras que "Ensueño"
de Victorí Planells fue compuesto en 1964, hace apenas cuarenta
años. Dos creadores de la Ibiza de hoy unieron sus estros para
recrear en el más idiomático estilo un paseo por el elegante
parque vienés del Prater: Raymond Andres y Adolfo Villalonga. Todo
el resto del programa (siete números entre polcas y valses) llevaba
la firma del insigne Rey del Vals: Johann Strauss II.
Es posible que el carácter aparentemente menos serio del repertorio
ayudara a relajar la lógica tensión y el nerviosismo que
toda presentación pública conlleva, lo cierto es que este
ha sido en mi opinión el mejor de todos los conciertos ofrecidos
hasta ahora por nuestra “Simfònica”, si no en lo que
respecta al programa ciertamente en lo que a la plenitud y calidad de
su sonido; los violines especialmente lograron en estas piezas un sonido
cálido, homogeneo y bien timbrado, como no había sido hasta
ahora posible apreciar. Y todas las familias y grupos instrumentales lograron
en estupendo equilibrio, aéreo, alado, con un fraseo de gran calidad
y muy expresivo. La rica y variada percusión logró recrear
con fidelidad truenos, relámpagos y disparos de escopetas ("Unter
Donner und Blitz", "Jagd - Polka"), los metales brillaron
en "An der schönen, blauen Donau" y en el exultante "Kaiser
- Walzer" mientras la "Champagne - Polka" inundó
los pentagramas de burbujas. Y así, con ecos del suave vértigo
de elegantísimas parejas girando en salones de ensueño suscitamos
cada año sueños de una felicidad que no es de este mundo
pero que merece ser soñada. Y un concierto así parecía
hace apenas un año un sueño inalcanzable, mera quimera...
¡Gracias a todos los que lo han convertido en realidad!
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