Edward de Bono  -  Adversary System  -  El sistema del adversario

 

The adversary system has penetrated so deeply into our culture that we could be said to be dependent on it. We translate the heroics of a Horatio on the bridge, the glorious combat of two armies, the enjoyment of a boxing match, the clash of two stags for domination of the herd into a way of thinking. Schoolboys are taught debating skills. Politics is run on the basis that one side is right and the other wrong and that skilled argument can sort out which is which.

The German philosopher Hegel proposed that all development was a matter of thesis which was opposed by antithesis and from the clash emerged a synthesis. In other words there was a situation that grew up in direct opposition to the existing situation and eventually clashed with it. From the clash would emerge a new order. This thinking was directly responsible for the political ideology of Karl Marx and through him Communism. It is not hard to trace the emphasis on clash and opposition as a means of evolution.

But long before Hegel, Western thought had been dominated by the adversary system. The Greek philosophers and in particular Socrates adopted it as the route to wisdom. The Church in the Middle Ages with his heresies and theological disputes relied heavily on adversary argument.

In the adversary system it is supposed that if you prove the other party wrong this somehow proves you right. In reality this is nonsense because both parties may be wrong or both may be right in part. Intellectually the adversary system is childish in the extreme. Both parties spend their time attempting to pick holes in the argument of the other party instead of exploring the matter itself.

Our judicial system is based on the adversary procedure. Only now, in a few areas like divorce, is it being realised that the system may not be the best one.

The overriding limitation of the adversary system is that it is negative. It has no constructive element at all.

 

El sistema del adversario ha penetrado tan profundamente en nuestra cultura que se podría decir que somos dependientes de él. Trasladamos el heroísmo de un Horacio en el puente, la gloriosa lucha entre dos ejércitos, el disfrute de un combate de boxeo, el enfrentamiento de dos ciervos por dominar la manada, a una forma de pensamiento. Enseñamos métodos de discusión a los escolares. La política se funda en la base de que un partido tiene razón y el otro está equivocado; una discusión bien llevada puede dilucidar cuál es cuál.

El filósofo alemán Hegel propuso la idea de que todo desarrollo consistía en una tesis a la que se oponía una antítesis, y de ese choque emergía una síntesis. En otras palabras, había una situación que iba creciendo en oposición frontal a la existente, y eventualmente entraría en conflicto con ella. De la solución emergería un orden nuevo. Este pensamiento fue directamente responsable de la ideología política de Karl Marx, y a través de él, del comunismo. No es difícil seguir la pista del énfasis en el conflicto y la oposición como medios para evolucionar.

Pero el pensamiento occidental había sido dominado por el sistema del adversario mucho antes de Hegel. Los filósofos griegos, y particularmente Sócrates, ya lo adoptaron como el camino a la sabiduría. La Iglesia de la Edad Media, con sus herejías y sus disputas teológicas, se basaba mayormente en la discusión entre adversarios.

En el sistema del adversario se supone que, si usted demuestra que la otra parte está equivocada, eso prueba de algún modo que usted está en lo cierto. En realidad esto es un sinsentido, porque las dos partes pueden estar equivocadas, o tener una parte de razón. Intelectualmente, el sistema del adversario es infantil en extremo. Ambas partes pierden el tiempo buscando agujeros en los argumentos de la otra, en vez de explorar la materia en sí.

Nuestro procedimiento judicial se basa en el sistema del adversario. Sólo ahora, y en algunos terrenos, como el divorcio, nos hemos dado cuenta de que puede no ser el mejor.

La limitación que descalifica el sistema del adversario es su esencia negativa. Carece del todo de elementos constructivos.

 

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