Francisco Hermosa - Carta a "Clásicos Populares" - 24 de enero de 2003

 

Muy señores míos:

 

No les escribo para pedirles nada sino que, amparado en que soy un oyente veterano, me he permitido la libertad de hacerles un par de ruegos.

Por supuesto que, siempre que puedo, compro discos de música clásica, pero me gusta grabar en cassettes lo que ustedes programan porque así hago mis propias selecciones. Tengo muchas.

Lo hago siempre que puedo. Bueno, la verdad sea dicha, ahora como se me enfrían las lentejas y mi mujer se enfada, sólo grabo las "Obras de la semana" pues me consta que son escogidas.

Mi primera petición es referente a ello. Una pequeña ráfaga a modo de sintonía me facilitaría la labor. Además, menos ésta, todas las secciones la tienen.

Mi casa, mi propia vida, no se guía por el horario europeo; se rige por la programación de Radio Clásica. Me ducho y marcho camino de mi quehacer diario con la cálida voz de Jorge González Giner. Comienzo mi trabajo con "Desayuno con diamantes" y las magníficas selecciones de José Antonio López Docal. Aplaudo "Producción propia"; vuelvo a casa cuando Araceli está a punto de acabar "La hora del oyente" almuerzo con "Clásicos Populares"; como soy maratoniano, entreno una hora y media diaria con los auriculares mientras oigo "El humo de los barcos" y finalizo la jornada con los conciertos en directo o con algunos grabados en el extranjero.

Hasta el ritmo de mi carrera de entrenamiento lo marca Radio Clásica. Correr con los últimos estertores del día; oler el frío de la, ya inminente, noche; cansado y sudando; con los oídos conquistados por una serenata de Dvorák o por cualquier música de "Papá" Haendel... ¡oh! ¡Cuánto les agradezco su compañía!

Mi segundo ruego es para Araceli.

¿Sabe Vd. qué pasa? Pues que muchas de mis cintas llevan incorporadas sus cantarinas risas. Y no me importa, que conste; que yo la considero como una nota más dentro de cualquiera de los allegros del "Músico Amable" que es como yo le llamo a don Tomasso Albinoni.

Por favor, Araceli, cuando ría, no se aparte usted del micro.

Porque ¿quiere que le cuente una cosa? Soy Guardia Civil de Tráfico (sí, ese que dirige a sus compañeros con una regla) y cuando yo patrullaba las carreteras y ocurría un accidente dentro del horario de "Clásicos Populares" me dirigía hacia el lugar y llevaba el transistor en el bolsillo de la camisa. Obvio es decirles que en mis brazos han muerto muchas personas; que mi mirada fue lo último que vieron; que mis manos fueron lo último cálido que sintieron.

Solía apretarlas contra mi pecho y estas situaciones me obligaron a volver a rezar por ellos; incluso (Dios me perdone) me tomé la libertad de decir aquello de: "Yo te absuelvo en el nombre del Padre..." y ¿sabe, Araceli?, muchas personas se fueron a la Eternidad siendo su risa, que salía del mágico bolsillo de mi camisa, lo último que oyeron. No deje de reír. Es un ruego.

¡Ah! que se me olvidaba; a ver si tienen un poco de tiempo y ponen algo de la Sonata en do menor, Opus 1, núm. 8 de Giuseppe Tartini. La escuché hace un par de meses en la sección "Desayunos con diamantes" y es preciosa. Seguro que a los oyentes de "Clásicos Populares" les encantará.

Cordiales saludos y gracias por existir.

 

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