Francisco Hermosa - Carta a Juan Manuel Grijalvo - 3 de marzo de 2005

 

He recibido su atento correo electrónico por el que me dice que tiene una página con algunos contenidos que, por mi afición tanto a la música como a la literatura, no dudaré en visitar en el momento en que pase una tarde en casa de este amigo mediante el que me puse en contacto con Vd.

Le adjunto copia de la carta que, en su día, envié a "Clásicos Populares" y que, debido a su sensibilidad por la muerte de su hermana (q.e.p.d.) en accidente de tráfico, produjo en Vd. el interés del que me habla.

Cierto es que nunca será suficiente cuanto hagamos para hacer ver a la sociedad (especialmente a los jóvenes) los peligros que nos acechan desde el preciso momento en que nos ponemos a los mandos de un automóvil.

Sí hubo un tiempo en que veía morir a las personas, ahora, que trabajo en servicios burocráticos, veo la otra cara de la moneda: las edades, los nombres, los objetos personales que se entregan a familiares que, completamente rotos por el dolor, nos comentan las ilusiones futuras que el fallecido tenía previsto hacer realidad... y así un año tras otro.

Parece mentira, pero un día tuve la curiosidad de ir tomando los nombres y las edades de las víctimas mortales en mi ámbito de actuación que se refiere a todas las vías interurbanas de Andalucía. Aquel año fueron seiscientas treinta y dos. ¿Sabe?; el listado ocupaba un total de... ¡diecisiete folios! Diecisiete folios de tragedias como la que su familia vivió un día y rompió sus vidas hasta tal punto que, me atrevo a asegurar, desde entonces para Vdes., hay un antes y un después. Permítame que, aún con veinte años de retraso, le acompañe en su sentimiento. Imagino cómo debe sentirse.

Quedo a su disposición y le saludo atentamente.

 

Respuesta de Juan Manuel Grijalvo - Junio de 2005

 

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